sábado, 12 de febrero de 2011

De Tokio Blues

Siempre me han dado mala espina los best-sellers de autores que están vivos. Un poco de desconfianza. El pequeño pepegrillo-hipster que llevamos dentro dice algo cuando uno está en la librería y uno ve demasiado de un mismo autor que no sea un ya clásico.

Pues es inevitable. Y es que en el mundo de lo popular que enaltece a Shakira que está loca por su tigre, confiar en los gustos populares es bien difícil.

Pero Tokio Blues llegó a mis manos. Me lo leí en medio de buses y de filas y de calles en México DF.  Un gran compañero. Un narrador que cae bien. Un mundo ajeno en mis manos, en una ciudad ya no tan ajena. Así viví Tokio Blues.

Alguien me dijo que sólo hay tres grandes temas: la locura, la muerte y el amor. Tokio Blues los tiene todos. El suicidio es el eje principal, pero sobre todo otra visión de la muerte. Una muerte que está ahí. Que existe. Se nombra, con nombre y apellido. La gente se muere y además la gente se mata. Pero la gente es sexual y está en relación con los otros.

El protagonista Toru Watanabe es alguien que desde su adultez narra su juventud en los años 60's en Japón. Se pueden ver todas sus transiciones -no puedo evitar siempre observar estas cosas, ustedes disculparán: dejar su  casa, empezar la universidad, trabajar, iniciar su vida sexual, vivir solo y, como extraño contexto, la muerte de su mejor amigo.

Toru entonces es el gran oyente de las historias. Los diálogos son lossegundos narradores de las historias del resto de personajes. Un Watanabe que se limita a decir un "Entiendo", "Continúa". Entonces los personajes, sobre todo femeninos, le quitan la batuta. Hablan mucho, se describen, dicen cómo son y qué cosas les gustan abiertamente. Cuando Watanabe tiene la batuta, cuando es un narrador, entonces es el detalle el que acompaña la historia. El detalle es sobre todo gastronómico (qué comen y cómo comen), musical (qué escuchan) y literario (qué libro está leyendo).

El libro me gustó mucho. Me parece que está bien armado. No pretende ser "la" novela ni buscar giros extraños ni totalmente sorprendentes. Es una historia bien armada y contada. Hay una película. La quiero ver, porque realmente quiero oir el soundtrack.

Por lo pronto, el jueves salió a la venta en México el 1q84, cuyo ejemplar ya está en mi escritorio, esperando su turno.

martes, 8 de febrero de 2011

De San Valentín, comerciales y ser la misma

Pues resulta que siento que vivo en ningún lugar.

Sí.

Así.

Normalmente, por estas fechas me quejaba porque ponían un pinche corazón en todos lados y uno sabía que la publicidad y el marketing hacían que San Valentín -que fue un santo que fue quemado- se le asocie a un querubín con alas, en todo caso proveniente de la cultura griega: Cúpido. El sincretismo de nuestra era. Segurito que ya pronto veremos a Buda y al comercio justo celebrando el día del amor y la amistad (que debe ser una causa justa y salva tortuguitas).

Pero pues vivo, digamos, en mi mundo. Que no es ninguno. Vivo en un departamento normal, en una unidad de edificios normales. Tengo tele, que no veo, porque no tuve tele mucho tiempo. Por el contrario yo escojo mis mercancías culturales que consumo. No me atengo a los horarios y muchos menos veo comerciales. Este finde hubo un puente y aproveché de ir al cine. En el cine vi "Comerciales", tenía mucho mucho tiempo de no verlos. Vi un anuncio de un Renault que tiene responsabilidad social, yo me reí, mucho mucho. En serio. Estaba tan desacostumbrada a la publicidad que se me hacía una jalada que nadie más se estuviera riendo de lo falsísimo de lo que decían. Y me carcajeé y la señora del lado se me quedó viendo feo.

Así es, vivo en mi pequeña burbujita. En los buses leo. Presto poca atención a menos que el Papa-americano, o como sea asalte a decibles inesperados en mi trayecto. Estoy pero no estoy en contacto con muchas cosas. Y eso es bueno supongo. Porque noticias al instante no me faltan, estoy ya casi aburrida de algunas noticias cuando apenas se dan cuenta los demás (las (des)ventajas del tuiter).

Y ahí voy, me siento siempre extranjera. Pero una extranjera que se esconde un poco de la bulla y demás. Ahí detrás de un libro, viendo a veces a la gente, pensando en qué hará de tesis, podrá ver a una Ana caminando el mismo camino casi todos los días y entonces a veces, cuando ando por la Avenida Universidad tengo un flashback de cuando regresaba del colegio en San Salvador, de ir en la Calle al Volcán. Pienso que detrás quizás del Walmart o de Hermanos Vásquez va salir a veces un señor Volcán de San Salvador, porque veo unas montañas así, a lo lejos azulitas y celestes.

Y recuerdo entonces las veces que me quedé en la 30-B hasta la siguiente parada porque por ir leyendo no me bajaba en la que me tocaba.

Al final soy la misma. Y creo que me pone extrañamente feliz.


sábado, 5 de febrero de 2011

De salirse de la zona de confort porque se puede, en cinco minutos

El otro día me preguntaba porqué uno es un autómata constantemente. Uno se levanta todos los días y tiene rutinas que dan comodidad. Pero cada vez pensamos menos. ¿Qué tal si mañana me levanto y nomás porque me da la gana me pongo 5 minutos a ver en la ventana los árboles? Nadie se va dar cuenta. Y yo me voy a sentir bien.

Y que tal si salirse de la rutina, no significa solamente que yo me voy a sentir mejor, si no que realmente implica cambios sutiles, pero significativos. No, no hablo de consumir productos orgánicos -que son excesivamente caros- si no hacer las cosas diferentes porque se puede.

No. No estoy llamando a una revolución. Porque hace tiempo dejé de creer en ellas.

Tampoco a un movimiento mundial de algo. *inserte aquí un hashtag para tuiter*

Tampoco sé muy bien qué podría significar.

Digo, es que a veces, me atrapan las rutinas de todo. Y creo que a todos. Todo tiene horario y fecha en el calendario, canario. Y parece que ese "free will" no existe. Para nada.

Un día, cinco minutos, deje de pensar en sus deudas, de sus tareas, de sus tesis, de sus crisis existenciales-porque-no-sabe-que-quiere-de-la-vida.

Son cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos.

Dése cinco minutos.

Yo voy a intentarlo.

domingo, 23 de enero de 2011

Los cuatro graves errores de Death Note o cómo destrozar una buena historia

"No, no siempre fui otaku".

Me pongo a hablar de esta serie, porque me ha entusiasmado. Pero encuentro cuatro grandes errores. Podría haber sido una serie Épica, así en mayúsculas. Y echaron todo por la borda.

*SPOILERS ALERT*

Primero lo primero. ¿Qué es Death Note?. Es un cuaderno. De la muerte. Ajá. La historia inverosímil de todo anime. El cuaderno de la muerte tiene la capacidad de matar. El que escribe en el cuaderno puede anotar el nombre y pensar en la persona que quiere matar y ésta muere, básicamente de un ataque al corazón, a menos que se detalle lo contrario. Los Death Notes son originarios del mundo Shinigami, donde esta raza de seres puede aumentar su esperanza de vida tomando la de los humanos. Si no les gusta mi definición, puede ir a la bien amada wiki.

La diferencia con cualquier otro anime, el protagonista que en la tradición debería de ser un héroe que lucha por la justicia y tiene valores, es llevado al extremo. El Death Note de Ryuk, el Shinigami que estaba aburrido e intenta desaburrirse tirando su cuaderno al mundo humano, es tomado por Light. Light un ser correcto, que cree en la humanidad, decide pues empezar a hacer justicia por su propia mano y convertirse en el Dios del nuevo mundo. Un argumento bastante controversial. Sobre todo porque Light tiene por ahí sus 16 años. Pero esto de las transiciones a la juventud y adultez en los animes, es algo que quiero hablar después (ja, ja, ja).

El protagonista mata, pero sólo a los malos -estilo Dexter, si quieren.  Los "malos" empiezan a morir de manera misteriosa lo cual llama la atención del incógnito detective "L", quien trata de atrapar a Kira, nombre que la gente le da al asesino de los delincuentes.

La serie pues se basa en la manera en que "L" y Kira pasan retándose entre ellos y dos nociones de "justicia" que pelean entre sí  ¿Qué tan malo es alguien que mata a los que matan? ¿Es el ser humano capaz de ser un dios que juzga?. Kira se mueve, "L" lo sigue. Cada quien busca destruirse.  Incluso mucho de las escenas sólo son pensamientos de sobre lo que piensa el otro y tratarse de adelantar a sus pasos. Poco importa en realidad la imagen que estamos viendo. Importa el juego. Es una serie poco visual, en este sentido. La tensión se mantiene. Eso que cuando termina un capítulo, uno hace expresión de señora viendo la novela "ihhhh". Pero siempre hay una mosca en la sopa. O varias pues.


Misa Amane
1. ¿Donde están las mujeres? Misa y su potencial echado por la borda.
Misa es otra poseedora de un Death Note. Podría haber sido una contraparte contra Kira bastante interesante. Pero en lugar de eso, enamorada de Light, hace todo lo que Light le dice -quien la manipula por sus afectos. A pesar de esto, si Misa hubiese ocupado el poder que le da su Death Note, para lograr no caer en las manipulaciones, sino tener algún tipo de juego de poderes hubiera sido bien bonito. Lo peor, es que en cada capítulo que avanza se vuelve más y más plana. Cada vez más tonta y cada vez más rubia.  Incluso empieza a salir en trajecitos y con más contenido sexual.  En general, en este anime no hay un personaje femenino que dé la contraparte, y es que pues es algo que adolecen mucho algunos animes, pero ver uno tan actual (la serie salió en 2007) y tan machista, da miedo.

Hay otro personaje mujer que casi desenmascara a Kira, pero la mata, de la manera más fácil. Es una ex-investigadora del FBI, que ha dejado su puesto para ser la prometida de otro investigador del FBI. En serio, la serie cae en lo más machista, cuando el futuro esposo -aun vivo- la calla y le dice que se olvide de ser investigadora porque hoy debe concentrarse en ser esposa.

La hermana de Light, no deja de ser utilizada como una víctima, secuestrada y esas cosas. Esto después de haber sido la hermanita molesta -¿en serio las japonesas hablan en ese tono tan agudo?.

2. Matar a antagónico.
"L"
Matar a "L". Un personaje que incluía una manera de hablar, de vestir, de hablar. Un "L" excéntrico, con maneras extrañas, con pocos modales. Con además un arsenal tecnológico, que resulta ser bastante secundario. Con la muerte de "L" se intenta sustituirlo con personajes que tienen características de éste pero que no logran entre todos hacer un "L" (tienen actitudes de comer dulces, o medio infantiles).
Además, personalmente siempre pensé que "L" era superior a Kira. Y fue decepcionante verlo morir. Parece una victoria bastante mala. Ni Seiya rogando por la armadura de Sagitario en los caballeros de Zodíaco fue tan chafa.
Luego se intenta mejorar todo con la mención de Norteamérica (para mí es Estados Unidos), lo cual, en lo particular no me emociona. Esto intenta darle un giro, un nuevo respiro. Pero no lo logra.

3. Desarmar al protagónico.
Después de matar a "L", Kira se vuelve tonto. Se equivoca. Cae más fácilmente de lo que alguna vez hubiese hecho con "L". Con quien estuvo cerquísima. Sin equivocarse. Sin "L" y sin Kira. La serie cae. Mucho. Los giros ya no me hacían decir "qué ingenioso", sino "qué weba, cuándo va acabar". Ni siquiera un nuevo dueño del cuaderno parece emocionar. Nada. Nada.

4. Animación y música mala.
Los muñequitos cuadrados se vuelven más evidentes desde la muerte de "L", y luego la música seudo-pesada, con frases en inglés es insoportable. Y es que, como dije, la serie se mantenía con pura tensión, y al caerse tensión, lo malo sale a flote. La segunda entrada es todavía peor que la primera. Los cierres malos. Los ringtones de lo teléfonos de los personajes que son la primera entrada -como si fuera una cosa linda de oír. Luego hasta ponen a cantar cursimente a la Misa. Mal, todo mal. Acostumbrada al  "Original Sountrack" como el de Lost Canvas y el de FullMetal Alchemist -Brotherhood, esta serie me queda debiendo. Por mucho.

Creo que es una gran historia. Parece que hay películas y diezmil spin-off's de esta serie. Yo me quedo hasta el capítulo 25, viendo a L morir con, ironías aparte, poca justicia.

jueves, 13 de enero de 2011

Silencios

El 16 de enero se cumplen 19 años de los Acuerdos de Paz. Hay toda una generación adulta de post-guerra.




Yo hablo mucho.

Pero quizás no tanto.

Una cosa es tantas palabras. Palabras cotidianas.

Otra cosa es contarles qué me duele, qué me pasa y qué me importa.

A veces este blog es un ejercicio de hipocresía.

Como todo.

Como levantarse y salir a caminar. Saludar a la gente. Nomás para esperar el ¿cómo estás? Y decir "Bien".

Pero a veces no estoy bien. O sí. Quizás. Todo es un gris. Uno es.

Así. Con su historia. Esa de la que no se habla porque no se podía hablar.

¿Se puede hablar?

No lo sé.

Me sigue dando miedo. Siento que hiero a la gente si hablo. Pero es mi historia.



Algún día, quizás.

Más que Acuerdos de Paz, uno necesita libertad. Libertad real. Aún no la siento. Y sigo callando.

Como siempre. Porque nací cuando no se hablaba. Cuando se inventaban nombres y causas de muerte. Y sigo repitiendo lo mismo. Como una cotidiana seguridad.

Nací, ya hace mucho tiempo.

Demasiado.

Pero parece que no crezco.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...