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miércoles, 24 de julio de 2013

Gente

"La gente" suena a un concepto de esos que inventamos como "el mercado". Esa personificación de un colectivo, masificado que lo es todo pero es nadie. Entonces normalmente pienso que "la gente" me da un poco de hastío (bastante) y que son las personas específicas y no "la gente" con la que me relaciono. Porque como humana, la gente me (nos) cae (caemos) mal. 

Pero a veces hay cosas casuales que me dan la sensación de no ser extraña (más allá de los pequeños círculos en los que me muevo, donde el mundo es pequeño y manejable, muy accesible, a veces virtual, a veces liviano, a veces justo con las interrupciones necesarias), cosas como las pequeñas pláticas casuales con desconocidos. Desconocidos vivos y llenos de "algo" (utilizo acá una abstracción totalmente indefinida, porque las palabras y yo, ya no nos llevamos tan bien).

Mis favoritas son con los taxistas, como ya he contado. Pero también hay gente que se sienta a la par de uno. Gente que le vende cosas. Gente que hace que me gusten las personas, aunque no "la gente".

Taxista camino al aeropuerto. 

Llega 20 minutos tarde. 

¿Se tardó, no?
No. Si yo pensé que venía temprano. 
No. 

Resulta que la empresa de taxis le dieron mal todo (incluido mi teléfono). Se disculpa. Me ofrece poner la música o la estación que quiero. 

¿A dónde va? A Monterrey. ¿Qué le gusta más, allá o acá? El D.F. [nunca preguntó porqué iba]. ¿Por qué le gusta más? X, XX y XXX. Además cuando uno anda a pie, le comento, los coches se le tiran. Yo pensé que en el Norte eran más respetuosos, de eso se jactan. Pues no, le digo. La ciudad parece estar hecha para los que tienen carros, le explico. 

No deja que haya silencio y empieza a contar sus propias historias de no-conductor. Su capacidad de empatía, a pesar de ir al volante. Fue alguna vez ciclista. Casi lo atropellan. Pero no era como "hoy" la cultura del ciclismo. Hablamos de los peatones. Le digo que hay que educar a los peatones y a los ciclistas también. Me dice que como conductor [empático] nunca había pensado eso. 

Me quiso hacer un descuento por la llegada tarde. Me deseó buen viaje. 

Chica en la estación Polifórum.
El terrible mensaje en la pantalla de "tarjeta inválida" para entrar al metrobús. Yo vuelta loca /sólo tengo un billete de 200 pesos, sin cambio, en la tarjeta habían 20 pesos de pasaje/. Empiezo a buscar el celular o algo para ver si llamo a mi amigo que me acaba de dejar la estación. Dejo el bolsón en el piso y empiezo a buscar. Estoy viendo hacia abajo. 

¿Se te invalidó la tarjeta?
Sí, digo mientras la veo incrédula.Veo que está del lado de afuera del torniquete, que acaba de salir.
Yo te paso, me dice. Sé lo que se siente. Me ha pasado muchas veces. 

Se acercó de nuevo al torniquete. Puso su tarjeta. Dije muchas veces gracias. Muchas. 

Taxista (otro) en la ciudad.
No. Ya no lee los diarios, me dice al ver un vendedor de algún periódico de esos chiquitos que se me olvidan los nombres y que suelen ser muy sensacionalistas. No le gusta el fútbol. No le gusta la televisión. Que el futbol y esos programas de televisa adormecen a la gente, explica. Pero que no entienda mal, no está en contra de Televisa porque le vaya al Peje. Que ese señor también tiene sus dudas y no le cree mucho. 

Que el ve películas. En el DVD. Con su esposa. Que les encanta a los dos. Que su manera de relajarse es esa, no necesita más y no ve la tele. Yo tampoco veo mucho la tele, le digo que veo muchas cosas online, en internet. Que ve videos, que aunque no se pueda creer, llega y pone videos en youtube de automovilismo. La gente me critica, que ando todo el día en la calle y que llego a ver carreras de fórmula 1. Pero me encantan los coches. Es más, me dice, mientras saca su celular emocioado, este es mi ringtone [se oye un ruido de un carro de carreras].

Que son una pareja mayor, sola. Los hijos ya se fueron. Ya están grandes. Pero aunque no les gusta la fiesta, no son aburridos. Que cuando quieren bailar (les encanta toda la música del mundo y tienen una colección abastecida entre él y su mujer a disposición) abren un tequila y bailan los dos solos en el apartamento hasta quedar borrachos. 

Ese trayecto me costó 30 pesos. 
La sonrisa fue gratis.


Y esos son mis anónimos, mi oleaje de ciudad. Particulares que saltan efervescentes. Pero que ya se me perdieron entre "la gente". Hay días que el mar está más bravo que otros. Igual, estoy empezando a pensar, siempre puede ser buen paisaje.



martes, 30 de octubre de 2012

De taxis

(I)
La ciudad es inmensa. Sábado 21  al medio día, lo es.
-¿Me llevas a la Casa Estudio de Diego Rivera?
-¿Sabe cómo llegar?
-Caminando, pero así en coche, no.
-Entonces pues mejor agarre otro taxi.

Segundo intento.

-¿Me llevas al museo de la Casa Estudio de Diego Rivera?
-¿Sabe cómo llegar?
-Caminando, pero así en coche, no. Las calles son raras, pero es sobre esta Altavista.
-Ummm. Es mi primer día de taxista.
-¿En serio?
-Sí, y pues se supone que el sur es lo que conozco.
-¿Conoce el San Angel Inn?
-Sí, el que está por la curva.
-Por ahí.
-Casi la bajo, pierdo el viaje y sé cómo llegar.

Cuatro años en esta ciudad y nunca un taxista me había bajado de su taxi por no saber cómo llegar, ni nunca me había tocado un taxista en su primer día. Que me sucedan las dos el mismo día, es muy raro.

(2)
Sábado 29.

-Me llevas al centro de Coyoacán
-...
-...
-Perdón, ¿Centro de Coyoacán, me dijiste?
-Sí
[Suena el teléfono y contesto y hablo en mi natural acento y termino diciendo un "Chivo" delatador para cuando ya acordé algo con quien estaba hablando].
-¿De dónde eres, amiga?
-De El Salvador.
-Te había notado el acento pero pensé que eras de provincia.
-Sí, me dicen que sueno a chiapaneca o veracruzana.
-Sí, veracruzana.
-Oye, colecciono monedas. ¿No tendrás una moneda de tu país?
-Pues es el dólar. Lo que tenemos son dólares.
-¿Americanos?
-Sí. Estamos dolarizados
-No sabía. ¿Desde cuándo?
-Desde el 2001.

Siempre preguntan si son "americanos". No sé porqué esa es la primera reacción. Siempre. Quizás albergan la esperanza que seamos como Canadá que tiene sus propios dólares.


(3)

Sábado 29. Después de comer con la Nena y Chito en el Centro de Coyoacán, tomamos un taxi. Están prontos a irse al aeropuerto.

-Sí, derecho - dice la Nena, cuando el taxista pregunta por las direcciones.
-Sí, recto. Ustedes dicen recto - nos dice el taxista, que había tenido una novia chiapaneca, en ciudad fronteriza con Guatemala.

Luego nos deja de tarea que oigamos "La Niña de Guatemala" de Oscar Chávez, que la busquemos en internet que todo está ahí. "Dicen que murió de frío, yo sé que murió de amor", nos recita.



Es un poema muy bonito de José Martí.


domingo, 26 de agosto de 2012

4

Esta semana cumplí cuatro años de vivir en México. 23 de Agosto de 2008, aterrizaba yo, con maleta y media (¿así de temporal pensaría que sería?) de cosas. Motivo del viaje: estudios de maestría, que sean los más cortos posibles, por favor. Mis viajes habían consistido en ir a Honduras y a Guatemala y quizás a Livingston que uno pasa por Belice. Y ya.

Hace cuatro años vine y me voy acercando al lustro.

Y eso tiene muchas implicaciones: simbólicas, legales y demográficas.

Sí.

Digamos que un quinquenio es algo que simbólicamente suena presidencial. El periodo aniuxeano 2008-2012, claro es ridículo, pues vivo en la segunda ciudad más grande del mundo. Soy 1/20millones, acá. Ínfima fracción. Pero uno no anda por la vida pensando en ser fracción de algo y menos con mi megalomanía y egolatría. De alguna manera, pienso que soy dueña de la ciudad. Que la ciudad se me acomoda.

Pero estoy ahí en migración, después de haberme equivocado terriblemente y primero formarme en la fila de resoluciones (uno siempre será un n00b en migración, sin importar cuántos años lleve) y un señor ya en la fila correcta me explica, porque es abogado, que es mi última prórroga como "no inmigrante", es decir nosotros extranjeros temporales, podemos serlo durante cinco años, no más. Pensé entonces que mi temporalidad no es un estado mental de negación, sino un estado legal y, claro,  hiperventilé.

Además, se me ocurrió, como suele ocurrirme, que eso además tiene implicaciones en cómo me cuentan. Por ejemplo, en una encuesta de migración, siempre te preguntan ¿hace cinco años en qué país estaba?. El otro año tendré que decir "México" y no estaré dentro del flujo de migración reciente. Lo que haría que mis datos de quién soy, serían tomados en cuenta como de alguien nativa.

El asunto va más allá, si asumo el supuesto markoviano con el que se construyen las tablas de vida, que suponen que después de cinco años, yo tendría las mismas probabilidades de morir (o de casarme, o de migrar, o de lo que sea que se estudie) que mis "pares" de población nativa. O es más, yo contribuyo con mis años persona a construir esas esperanzas de vida, de soltería, de permanencia.

Y entonces digo, ya no soy temporal, que me acomodaba no ser de aquí, ni ser de allá. Por el momento sí estoy acá y me faltan aún dos años.Y esos seis años habrán de ser para ese momento, una quinta parte de mi vida, una parte mexicana.

domingo, 30 de octubre de 2011

De ubicuidades y columnas

Voy a hacer un ejercicio de "diario" de Psicología de la adolescencia de la institución jesuita en la que estudié buena parte de mi niñez y juventud. Pues es que cuando quiero pensar mi relación con los espacios, mi vida siempre ha sido un desencuentro.

No. No soy víctima del desencuentro estilo novela rosa. Pero siempre han existido distancias por todos lados. Las distancias se deben de medir en términos de que tan posible es que estemos en un mismo lugar. No en kilómetros. No. Por eso siempre he anhelado el don de la ubicuidad, porque la capacidad de estar en varios lugares a la vez controla esa imposibilidad. Juega con las distancias.

Por ejemplo, a mí me hubiera gustado estudiar Letras al mismo tiempo que estudié Economía. Es más me hubiera gustado además estudiar Física y Matemática. Porque las extraño y recuerdo yo que era muy buena para esas dos últimas. Pero también me hubiera gustado ser deportista. De algo. De volleyball.

Soy golosa y por eso quiero ser ubicua.

Entonces he intentado ser ubicua haciendo muchas cosas que me gusta hacer. A veces al mismo tiempo. Por ejemplo escribir este post mientras estoy trabajando una base de datos. Escribir una idea que se me viene para un cuento en medio de una conferencia sobre mortalidad, o bien simple y sencillamente irme a dormir y pensar que soñaré con el trabajo pendiente (de joven me funcionaba mucho mejor).

Entonces pienso que le he ganado a la ubicuidad. Pero entonces me doy cuenta que hay días que quiero despertar en El Salvador y luego regresar a México y pasar la tarde jugando con mi sobrino en Sttutgart. Quiero que realmente exista ese "Salvéxico" o "Mexsalvador" donde vivo, con un pueblo llamado Alemania para visitar. Levantarme y desayunar pupusas. Hacer mi trabajo y luego cenar tacos al pastor deliciosos. Eso es el mundo ideal, si me preguntan.


Avisos parroquiales:
Quizás tener cosas publicadas sea una manera más de alcanzar la ubicuidad, uno puede estar dónde lo lean. Ya van dos columnas mías en La Prensa Gráfica. ¡Espero sean más! Cada una ha sido, sin planificarlo así, de una de mis facetas. La primera fue más recordándome mi lado de fan de la estadística y la segunda de la presentación de los libros Roque Dalton. Les dejo los enlaces.

Sueños guajiros estadísticos - columna del 9 de Octubre
País mío no existes: Roque Dalton en el Zócalo de México - columna del 30 de Octubre

sábado, 27 de agosto de 2011

De la violencia y mi sensibilidad ageográfica

El otro día, después de leer el post de Kyuutz, él me dijo que pues viniendo del país que vengo quizás podría entender un poco más la violencia de México, cuando le dije que no iba a comentar.

A veces siento que no tengo todos los elementos de análisis. No sé de historia mexicana, no he vivido mi vida acá. Cualquier cosa que diga está sujeta a "pero vivís de este país" y con eso pueden cerrarle la boca a cualquiera.

No lo sé.

El asunto es éste. Me duele todo. Ya no soy solo salvadoreña. Después de tres años y sabiendo que estaré aquí por lo menos tres años más, implica que no soy solo salvadoreña. Y es así. Monterrey pienso y ya no es una idea abstracta.

Vengo de un país pequeñito. Normalmente se me hace que en México por lo menos hay 32 El Salvador, uno por cada entidad federativa. Y se me hace difícil comprender esa unidad como nación, como país siendo tantos y tan diversos. Hay "países de México" de los que no sé nada. Pero ya la ciudad de Monterrey ya no es para mí esos estudios de movilidad social de Patricio Solís que leí. Ya no es eso. Conozco a varios regios. Tienen cara y tienen nombre. Y entonces ya no puedo sacudirme las cosas como extranjera errante de paso. Ese tipo de alejamiento que uno tiene cada vez que lee noticias de violencia en lugares tan distantes como Afganistán, Libia, Irak o cualquier otro cruzando el charco, eso que uno se indigna un ratito y luego sigue con todo, muy normal.

Entonces veo estas cosas Monterrey, Torreón que se unen a lo que ya sabemos de Juárez, Tijuana y los eventos como la matanza de los migrantes y otras historias de la frontera sur. Es la violencia que ya no sólo afecta a los más oprimidos (como los migrantes) si no que nos dice que todo está haciéndose anárquico. Entonces me viene el flashback de cuando las maras hicieron su supuesto "toque de queda" o los buses quemados en mi país. La sensación esa de "todo puede pasar". Esta idea del miedo, de lo simbólico, de la ostentación del poder que ya deja pequeñito a los gobiernos.

Leo las noticias en El Salvador y veo muerte por todos lados. Y me duele mi país - y a veces me da culpa de estar acá "a salvo", porque además soy de esa generación que se recuerda que la metían de jugar por el toque de queda, de los colchones en la puerta del cuarto en la ofensiva y ve como se cuentan y cuentan los muertos en El Salvador ahorita que estamos en paz (pues deben ir a crónicas guanacas, un blog donde se cuenta no con números este tipo de historias). Soy, quizás como muchos, fácilmente impresionable, fácilmente me da miedo. Fácilmente me duele.

Me duele mi país y me duele el país donde vivo. Y lo peor del caso es que no sé qué podría hacer yo, ni en un lugar ni en el otro. Porque estoy lejos de uno y al otro todavía no lo entiendo por completo.

viernes, 15 de abril de 2011

La violencia infantil

Cuando uno dice violencia infantil parece que hablaremos de la violencia que infrigen los adultos contra los niños. Eso no es violencia infantil, porque no les pertenece. Uno se imagina que los niños no son violentos. Que la violencia no les pertenece y quizás así debiera ser.

Coyoacán tiene la característica de que abundan los niños como vendedores ambulantes. Estos niños te venden chicles, flores, muñequitas, duvalines y demás cosas que se pueden comprar con las moneditas que a uno le sobra. Como novata, recién llegada empecé a comprar. Una vez, después de comprarle como cuatro niñas, una niña me exigía que le comprara y se puso a llorar, en plan de chantaje total. Me sentí como rara ante eso. Y muy sacada de onda de cómo estos niños empiezan a decirte "deme que yo no tengo nada y usted sí" "que me duele la panza de no comer". Es terrible. Porque la verdad es que uno está en Coyoacán tomándose una cerveza o un café que se vuelve bastante amargo.

Después de lo de la niña me puse un poco más fuerte en eso de comprarles cosas. Hace poco estábamos con unos amigos en un bar. Coyoacán, para los que no conocer su centro histórico, tiene las mesas así como en la calle y en la pasada -digan como el cafecito ése que está a la par de Centro Tecleño en Santa Tecla en El Salvador. Entonces estábamos ahí. Después de sin exagerar más de diez niños que nos habían pedido, llegó un niño y me dijo "deme una alita". Agarré una servilleta y le di dos alitas. No podía negarle comida. No me parecía. Pero después tuve una pequeña multitud de infantes pidiéndome alitas, que obviamente no me alcanzaban las alitas para darles a todos.

Empecé a decirles que no me alcanzaba, les daba explicaciones, porque pues ellos no eran diferentes al niño que sí le di alitas y toda la situación se me hacía bastante injusta. Y mientras daba explicaciones y otro niño se quería llevar el bote de Nestea de una amiga, sentí unos arañazos en las piernas. Con estos calores he andado en faldas y pues el arañazo se sintió perfectamente. Me quedé así como buscando entre los niños quien podría haber sido de todos. Luego sentí nuevamente y le dije "No me aruñés", claro que no me entendió, porque hablé en total salvadoreño, aquí no se aruña, se araña. Y ya enojada le dije que no, y ella me decía que ella no tenía nada que comer y que yo sí. Luego me jaló el pelo. Una amiga entonces intervino y como buena madre calló a todos los niños y me dijo que ya no les explicara nada. Yo asentí. Pero estaba bien sacada de onda. Seguimos departiendo. Los niños siguieron llegando. Otro niño, que vendía alguna artesanía, le dijo a la amiga del Nestea "Puta perra", cuando ella se negó en comprarle lo que vendía.

Todo me dejó pensando en los niños. No tendrían ni siete años. Pensé en las maras y cómo los niños se integran a los diez años. He pensado en esa imagen que hasta puede resultar graciosa de una niña golpeándome, yo que no soy pequeña y para nada delgada. Pienso en lo infantil de la violencia. Esa violencia que les pertenece a los niños, que ya es cotidiana, que les es necesaria, que les resuelve algunas cosas. Y quizá la imagen es extraña, pero es real.

martes, 8 de febrero de 2011

De San Valentín, comerciales y ser la misma

Pues resulta que siento que vivo en ningún lugar.

Sí.

Así.

Normalmente, por estas fechas me quejaba porque ponían un pinche corazón en todos lados y uno sabía que la publicidad y el marketing hacían que San Valentín -que fue un santo que fue quemado- se le asocie a un querubín con alas, en todo caso proveniente de la cultura griega: Cúpido. El sincretismo de nuestra era. Segurito que ya pronto veremos a Buda y al comercio justo celebrando el día del amor y la amistad (que debe ser una causa justa y salva tortuguitas).

Pero pues vivo, digamos, en mi mundo. Que no es ninguno. Vivo en un departamento normal, en una unidad de edificios normales. Tengo tele, que no veo, porque no tuve tele mucho tiempo. Por el contrario yo escojo mis mercancías culturales que consumo. No me atengo a los horarios y muchos menos veo comerciales. Este finde hubo un puente y aproveché de ir al cine. En el cine vi "Comerciales", tenía mucho mucho tiempo de no verlos. Vi un anuncio de un Renault que tiene responsabilidad social, yo me reí, mucho mucho. En serio. Estaba tan desacostumbrada a la publicidad que se me hacía una jalada que nadie más se estuviera riendo de lo falsísimo de lo que decían. Y me carcajeé y la señora del lado se me quedó viendo feo.

Así es, vivo en mi pequeña burbujita. En los buses leo. Presto poca atención a menos que el Papa-americano, o como sea asalte a decibles inesperados en mi trayecto. Estoy pero no estoy en contacto con muchas cosas. Y eso es bueno supongo. Porque noticias al instante no me faltan, estoy ya casi aburrida de algunas noticias cuando apenas se dan cuenta los demás (las (des)ventajas del tuiter).

Y ahí voy, me siento siempre extranjera. Pero una extranjera que se esconde un poco de la bulla y demás. Ahí detrás de un libro, viendo a veces a la gente, pensando en qué hará de tesis, podrá ver a una Ana caminando el mismo camino casi todos los días y entonces a veces, cuando ando por la Avenida Universidad tengo un flashback de cuando regresaba del colegio en San Salvador, de ir en la Calle al Volcán. Pienso que detrás quizás del Walmart o de Hermanos Vásquez va salir a veces un señor Volcán de San Salvador, porque veo unas montañas así, a lo lejos azulitas y celestes.

Y recuerdo entonces las veces que me quedé en la 30-B hasta la siguiente parada porque por ir leyendo no me bajaba en la que me tocaba.

Al final soy la misma. Y creo que me pone extrañamente feliz.


martes, 11 de enero de 2011

Y a fuerza de partir voy a saber lo que es volver, volver (III parte, final)

Post final.. los anteriores están aquí y acá


México D.F., a los 11 días de Enero de 2011.

A veces quisiera escribir cartas con fechas, a la vieja usanza. Uno lo abre y ahí está: tiempo y espacio para decir algo.

Pero no siempre es tan fácil.

Escribo desde mi cuarto en el Distrito Federal. Este es mi cuarto. El cuarto en San Salvador era mi cuarto, Pero ya no es mío. Tiene mi cama y mis muebles. Pero todo lo que soy está más cómodo en este cuarto de por acá. En esta ciudad donde hace frío.

Debo contar como terminé de llegar a El Salvador, aunque yo ya estoy en México. A esta carta, pues, no sabría como ponerle lugar y fecha. Es anacrónica y está en espacios diferentes.



*Pausa de suspenso*



Empezaré por decir que los buses galgos son muy grises. Que Cindy nunca fue mi compañera de asiento. Porque resultó que había un galgos espacial a Guatemala. Nunca le dije buen viaje. Estos viajes están llenos de saludos y de no saludos.

La frontera está bien cerquita de Tapachula. En mi pequeño viaje, encendí mi reproductor de mp3 de 1GB sonó Dave Matthews Band y miraba los arbolitos por la ventana. Casi se me olvida de los infantes que venían atrás si no fuera porque movían mi asiento. El viaje será largo, pensé.

La frontera estaba tan cerca. Me bajé con mis documentos. Por primera vez usaría mi credencial. Antes el FM-3 , mi documento migratorio, era una libreta verde que parecía de los años 50's (y también mi foto tomada en el reconocido "Foto Flores"). Hoy es una credencial. La foto parece, según dice mi hermana, de una internada en siquiátrico. Yo digo que nomás me veo anémica. No sé porqué pero me emocionaba utilizar mi documento migratorio nuevo (soy tan ñoña, a veces, bueno, bien seguido).

En la filita me encontré a los hermanitos. Bien buena onda. Nos hicimos cherada. Luego llegó el nicaragüense. Y ellos fumaban y yo no. Y luego llegó un chico de Tabasco. Nos hicimos una "mara", pué. Haciendo los trámites y esas cosas.

Me fui al baño de la oficina de Galgos de la Frontera. Maravilloso cuando no sirven las chapas. La señora salió corriendo, porque cuando terminé ya no estaba. Yo quería por lo menos que supiera mi nombre si ya me conocía tan a fondo.

Nos subimos de nuevo al bus. El chico de Tabasco me preguntó que si no me quería pasar para adelante. El iba justo atrás de los hermanitos. Y pues pensé que era extraño aceptar ir a la par de un desconocido todo el viaje. Pero yo sabía que no iba a soportar a los infantes a mi alrededor. Y pues ahí estaban los otros y podía ser más divertido. Así que me cambié. Los asientos iban mucho más adelante que el que tenía. Eso también era un plus.

El viaje transcurrió. Oí música. Leí un par de cuentos de Kafka.

Se subió un señor a vender comida. Tenía precios en las tres monedas, no se cansaba de decir: dólar, peso y quetzal. El plato costaba: 40 pesos, 3 dólares o 20 quetzales. No eran grandes. Pero pues hacían su cometido.

Comimos.



Leí un poco más.

De repente, un olor. Un olor horrible inundó el bus. Pensé que a lo mejor era sólo un lugar por dónde pasábamos. No. Alguien omitió las indicaciones que nos dio la azafata más caderuda de la historia (cada vez que pasaba me golpeaba el hombro). La señora había dicho claramente que el baño era solo para orinar. Pero no.

Así que mi historia se detiene momentáneamente aquí, después de deternos en la gasolinera mientras la culpable limpiaba el baño.

6 horas de viaje. En ese estado.

Luego, llegar a El Salvador. A abrazar a mis queridos, con la pena que sentía que yo era toda una m***da andante. Pero me dijeron que sólo olía al cigarro de mis acompañantes.


***
En otras curiosidades, le pedí el celular prestado a la señora de mi encuentro bañístico en la frontera. Era salvadoreña y se puso a hablar y todos le caímos encima, porque el bus se atrasó 2 horas y media.





¿El regreso a México?

También tuvo sus cosas. Memorables. Como conocer a un indio (de la India) que reside en Canadá en Tapachula.Pero en esos regresos, siempre voy más triste.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Y a fuerza de partir voy a saber lo que es volver, volver (II)

*Sigue de la entrada anterior, pero puede leer sin la primera parte, supongo
*Aunque esto no es Rayuela
*Sigue siendo largo, dramático y además introspectivo

Cuando sabía que solo hacía falta mi maleta para ir a comprar mi pasaje Tapachula-El Salvador en la terminal, fue el primer momento en que sentí que ya estaba llegando. Pasa que después de 18 horas de viaje uno siente que ha estado en un solo lugar -en un bus- y no por todo México. Y entonces me emocioné. Le dije adiós al compañero de viaje. Me deseó buen viaje y yo le desee feliz navidad. Me puse hacer fila donde se compran los ticketes y pasó una señora de pelo corto rubio y me dijo adiós, toda contenta. Con ella había hablado en alguno de esos restaurantes en los que se para el bus para comer. Ella venía desde Sonora. Otro señor me había dicho que venía desde Los Angeles, y no venía solo, con toda su familia, niños incluídos. Ellos ya habían llegado a su destino final, pero mi viaje parecía pequeño a comparación. A mí, de alguna manera, me hacia falta 10 horas, aunque esas 10 horas empezaran desde las 7 AM del día siguiente. Eran las 4:30 pm del lunes. Sabía que llegaría hasta el día siguiente en la noche. Pero a mi me hacían falta nomás 10 horas.

-No hay ticabús
-¿No hay?
-Pero hay una corrida de galgos a las 11:15

Bueno. Yo ya veía al otro lado de la estación el hotelito recomendado y que es lindo en el que me quedaría. Compré mi pasaje. Escogí el asiento en la ventana más adelante posible, asiento 23. Y me fui en busca de mi hotelito. Quería bañarme. Quería conectarme y decirles a mis papás que había llegado. Mi abuela murió el 2 de octubre de 1992 en Cumbres de Maltrata, Veracruz. Y aunque hoy están mucho más tranquilos que el año pasado, sé que tienen razones extra para preocuparse.

Pero no había habitación, ni en ese hotel, ni en el otro, ni el otro. Me toco irme a uno que costaba bastante más y que además no era bonito. Le dije a la señora que quería ver la habitación, pero después le dije que inmediatamente que sí cuando me dijo que tenía internet. Me subieron la maleta -soy una pequeña dama que no sube maletas-. Me acomodé y quise conectarme.

-¿Oiga cuál es la clave del internet?
-Espéreme un ratito que lo voy a conectar

Encendí la tele. Yo no suelo ver mucha tele. Primero porque durante casi dos años no tuve. Y segundo porque cuando tuve no tenía cable. Y hoy tenía cable. Extrañamente puse el 44, era el warner, como por inercia. Durante muchos años en el servicio de cable de El Salvador ese canal era el warner. Fue raro.

Me pude conectar, mandar correos, mensajes. Decir todo de estar viva. Me bañé en una ducha que no tenía ni cortina ni puerta. Me sentía como apenada aunque no hubiera nadie en mi cuarto. Entonces me di cuenta: No traje ni cepillo de dientes ni desodorante.

Salí a comer. Me fui al "Disfrutas", enfrente de la terminal de buses. Si un día van tienen que probar las aguas, que realmente son licuados de agua con fruta. Eran las 6 de la tarde. Y yo comía yo solita viendo la tele. Vi en el menú y decidí qué iba a desayunar. "Si mañana salgo tarde, aprovecharé para desayunar".

Pedí que encendieran el internet. Me puse a ver tele. Y me intenté acomodar en la habitación. El aire acondicionado sonaba super fuerte. Había un florero en la esquina, lleno de flores artificiales. Había un rótulo de "Por favor no limpie los zapatos con la toalla". Y la cama tenía una ropa de cama colorida, como típica, que olía un montón a detergente. Lo cual me dio confianza hasta que me empezó a picar -y seguramente fue mi neurosis y no nada de la cama.

El teléfono. Me asusté.

-¿Ya va desocupar el internet?
-¿Ah?
-Es que queremos desconectarlo.

No sé cuál es la política del internet y estarlo conectando y desconectando. Parecía como que yo era alguien que comía de más en un buffet. Me sentí hasta apenada y así que dejé que lo desconectaron.

Dormí. Bien. Más de 10 horas.

Baño y desayuno. Hoy en el desayuno habíamos más comiendo solos. En mesas grandes de 4 ó 6 , todos comiendo solos viendo la tele. Era uno de esos programas matutinos. Y había recuento de los mejores momentos en la telenovelas. Me di cuenta de cómo terminó la novela de lucerito. Dos comensales se sentaban a la par mía y ordenaban un desayuno muy similar al mío.

En una de esas, la comensal y yo nos reímos al unísono de unas cachetadas de telenovelas. Y fue divertido. Comí, aunque ya no quería, pero no quería dejar nada en mi plato y me fui. Fui por mis cosas y ya iba siendo hora de irse a la estación. En la fila -pequeña- para registrar el equipaje iba un chero de pelo largo, colocho y con pasaporte Nica que le preguntaba al señor tico, supongo, que si en San Salvador se podía agarrar el otro bus. El señor le decía que sí. Uno de los comensales del desayuno llevaba muchas maletas -entre esas cosas que se veían que eran instrumentos musicales-. Y me sonrió y me preguntó que si iba a San Salvador también.

-¿Sos de allá?
-No, yo soy de Guadalajara
-Ah

Era un músico de Guadalajara que viajaba con su hermana. Que quería tocar en Costa Rica. Venía en tierra desde tierras tapatías. De la nada sacó un disco y me lo regaló. El grupo lo pueden encontrar aquí: http://www.pneumus.com/. Lo oigo ahorita de soundtrack mientras escribo. Agradecí y le dije que qué lástima que no tenía un discman. Nunca pensé decir tales palabras. Le dije que me iría a sentar.

Ahí, sentada en la estación, me encontré a Cindy. Una guatemalteca que regresaba a su casa después de tres años de trabajar en diferentes hoteles. Venía desde Michoacán. Que estaba emocionada. Que trabajar en turismo es cansado y que la discriminaban por ser guatemalteca, aunque era bien chelita.

-¿Cuál es tu asiento?
-23, le dije.
-¡No es cierto!

El suyo era el 24.

Y llamaban : "Los de El Salvador".

viernes, 24 de diciembre de 2010

Y a fuerza de partir voy saber lo que es volver, volver (I)

*Esta es la crónica de un viaje anunciado
*Post largo y dramático.
*Parte I - Llegar a Tapachula

El domingo 19 de diciembre fue un día que terminó en el inicio de un viaje largo.

-¿Te vas por tierra?
-Sí
-¿Y cuántas horas son?
-Como 30-32 pero no las haré de un solo

Y la gente me miraba desde ya con una cara de "Pobrecita, niña". Esa fue una conversación recurrente. A esto agregarle un "¿No te da miedo?" o un "¿Y vas sola?". Y así...
Recién mudada de depa, recién terminada del primer semestre del doctorado y con una maleta armada en una hora, yo llamaba de vuelta a un taxi que llegaba tarde para irme a dejar a la terminal de buses de norte (¿si voy para al sur, por qué salgo del norte?).
-Me dijeron que era el depa 40X
-No. es el depa 20X

Genial. Pensé. Me iba yo... cansadísima. Los últimos días habian pasado entre dos fiestas institucionales y unas muy buenas reuniones de amigos, un brevísimo viaje al Estado de México y terminar de afinar algunos detallitos. Me senté y le dije al taxi que se fuera por el lado más corto, porque yo no sé cómo llegar a la TAPO. Aún soy extranjera. Así lo dice mi documentación y así me sigo sintiendo.

Llegué a la TAPO, que en esa noche de domingo parecía un domingo en la calle Madero del centro de la ciudad de México. Llenísima. Hice una fila para documentar la maleta. Si armar una maleta implica olvidar regalos, cepillo de dientes y desodorante, ya tengo una profesión.

-Oiga tiene la mochila abierta y se le ve la compu.

Ese fue el samaritano número 1. Hubo varios. Viajar no está llena de gente mala y rencorosa. Si no de gente que también quiere llegar con su familia en las fiestas. Gente humana, pues. A veces, demasiada humana.

El bus, como mi taxi llegaba tarde. En estos viajes nunca se llega a tiempo. Y me fui a mi asiento 4, ventana, al frente de un ADO GL, con destino a Tapachula. El tiempo estimado de viaje 16 horas y cacho decía la página de ADO. Yo sabía que seguro serían más... Ya había hecho ese recorrido, con una amiga. Pero hoy iba sola. Confiando en que mi MP3 con la selección de 1gb de música de hace un año me siguiera gustando, porque no tuve tiempo de cambiarla. Y a penas compré un par de baterías y un jugo en la estación.

Un poco malhumorada, le dije al del asiento 3 que quitara su botella del lado de mi asiento. Y que me diera permiso. Me senté. acomodé mis cosas. Puse mis audífonos en el asiento y pasé oyendo una música extraña pero que me servía para irme del asiento y ver un poco la ventana. Aunque no pude dormir. Empecé a ser consciente de todo mi cuerpo. De donde estaba apoyada, de qué se me cansaba y que tenía que moverme, de mi gastritis de la que casí nunca me percato (me di cuenta que tenía gastritis hasta que un doctor me tocó la panza y salté), de todo. Yo era mi peor enemiga para dormir en bus. Pero lo logré, a cuotas de dos horas. Y uno que se levanta cada vez que se llega a una estación y hay cambios de pasajeros. Pero luego de un rato (bueno, como 8 horas) ya casi todos íbamos para Tapachula.

-Mamá, invades mi espacio - gritaba un niño muy pequeño atrás. Otra madre e hija, pero hija adulta, discutían de cuentas. Eran las 4 de la mañana y llegabamos al restaurante donde yo comí la otra vez. De noche el lugar era un poco siniestro pero había baño y la gente comía como si fueran las dos de la tarde.

Seguí dormida, hasta las 8 y 30. Me desperté y desayuné. Saqué una galleta de avena y abrí el jugo. Saqué otra galleta para dársela al tipo cuya chaqueta de cuero y su olor me molestaba, así como me había molestado que había puesto su jugo en mi lugar. Todo eso exacerbado por mi mal humor. Pero era otro día. Y había que desayunar. La tomó. El iba leyendo un libro raro. No lograba ver de qué era, pero tenía como muchos apartados y números y negritas. Parecía una ley o algo y vi que tenía marcadores de cuatro colores.

La tomó. Y luego me preguntó que para dónde iba, que de dónde era... Él era de Guerrero. Iba para Tapachula, destino final. Nunca supe su nombre. Era testigo de Jehová. Pero no intentó evangelizarme. Me contó de las diferentes traducciones de la Biblia, de en cuántos idiomas está traducida -no me acuerdo-, de cuántos idiomas se lee la Atalaya y así. De cómo habían muchos grupos indígenas en Guerrero y Oaxaca.

Ya estábamos en Oaxaca. Desde hace rato. Y vi por la ventana molinos de vientos. "La ventosa". A veces digo que es necesario que yo ya tenga cámara. Pero San Google ya tiene muchas fotos de lo que vi, aquí. Increíble... se veía tan bonito. Un señor con cámara de video se acercó hacia adelante y empezó a filmar. El nuevo conductor, tenía una música tantito más norteña. Pero no me molestaba. Una parada a comer. Y poco más de cuatro horas de camino.

Me dormí, intenté ver una película, pero me dormí. Cuando me despertaba miraba el camino. A veces parecía un paisaje conocido, a veces todo lo contrario. Es como raro intentar nombrar algo que no sé. A veces el señor de la par me hacía preguntas de lo que para él era un lugar lejano, mi país. Me dijo que quería ir a ayudar a sus hermanos allá, le dije que tenían ya bastantes adeptos. Un rato hablamos de las maras -tema obligado- , de la inseguridad en México. Me preguntó cómo eran las gasolineras, cuánta gente vivía en mi país y cuanto tiempo seguiría viajando. Nunca intentó convencerme. Me dijo nomás "¿Fue alguna vez a un templo?", le dije: "No". Pensé que empezaría. Pero no. Confieso que me preguntó porqué no me vio evangelizable... quizás soy un caso perdido y mi poca fe es notable a primera vista.

Con un poco de tráfico y después de dejar Tonalá y Huixtla... ya hacía falta muy muy poco para llegar a Tapachula. En la entrada de Tapachula, un rótulo del Pollo Campero y ya sabía que iba llegando a casa.

sábado, 13 de noviembre de 2010

Juventú, decisiones y el tiempo maldita daga lamiéndonos los pies

El otro día un buen amigo -sincero ante todo- me dijo:
-Tienes arrugas debajo de los ojos -por el tuteo, sabrán que es mexicano.

Y pues sí. Pero es como que la conciencia de algo nos hace verlo siempre. Nombrar las cosas las hace visibles diría mi profe de Metodología y pues sí. Ahí están mis arrugas. Debajo de los ojos diciéndome dos cosas: que debo gastar en una crema para que no sigan multiplicándose y además, que el tiempo pasa por mí.

Y por más jovial y por más cara de niña que tengo, el tiempo pasa por mí. Que además siento que no he hecho todo lo que debía, que a veces no aprovecho las cosas que tengo y que sobre todo me queda mucho por hacer.

Ajá, eso son las arrugas. El ser vieja me estresa  por no haber aprovechado mi juventú. Y en este mundo así estructurado, pasan dos cosas: la juventú es el momento. No hay manera de volverse atrás, se nos dice que es el mejor momento y que además es donde hay que trabajar -en versión gringa- para después ver qué hacemos de viejitos. Y, luego, el romanticismo que es el momento donde se comparten tantos espacios de socialización que uno hace sus verdaderos amigos, conoce al amor de su vida y además donde decide cómo será en sus últimos días: una profesión.

Esto último es lo que más de pone un poco complicada. Ayer, alguien me preguntaba, sin anestesia y con público presente, que qué haría si en lugar de tener una beca para estudiar demografía y estas cosas que estudio, tuviera una beca por el mismo tiempo pero para escribir. Pero eso sí, no podía hacer lo otro. No ser esta mujer que se obsesiona con las bases de datos y los métodos estadísticos y que le interesa el mercado laboral.

Y casi me muero.

Y me refugié en el alcohol. No. No es cierto. Creo que tomé un trago de mi cerveza. Como que entonces vi pasar toda mi vida -como dicen que cuando uno se va a morir. Para mi, renunciar a algo de lo que soy, parecía como una pequeña muerte.

Y dije que no podía. Que no puedo. Pero al mismo tiempo a veces siento esa necesidad de "definirme". Y digo la vida: "Vida, ¿qué querés de mí?". Y me da puros mensajes cruzados. Como diciéndome, yo no te voy a decir, la muy bayunca. Y me estresa.

Sin embargo, también en la misma plática resultó que terminé hablando de toda mi vida. Yo soy algo así como un muñequito que con un botoncito empieza a hablar. Y bueno terminé contando cómo es que había terminado escribiendo y esas cosas.

Y me di cuenta que hay una superposición de las decisiones que me han llevado a escribir cómo escribo y a estar aquí en México estudiando.

Podría decir que todo se resume a cuando decidí que ya no trabajaría como asistente de la gerente de una banca de segundo piso. Cuando decidí que buscaría algo más cercano a mi carrera como economista y como investigadora. Que era lo que quería realmente hacer. Y no estar administrando prestaciones a los trabajadores.

¿Y eso que tiene que ver con escribir?

Pues porque si no me hubiera ido de ahí, no hubiera conocido en el momento que tenía mis inquietudes a Rafael Menjívar Ochoa, pues en ese momento el presentaba un libro en lo que iba a ser mi nuevo centro de trabajo. Y nunca quizá hubiera ido al Taller de la Casa del Escritor.

Creo que ese diciembre de 2005 en que tomé esa decisión nunca me imaginé que esa decisión podía ser un "break point", como dirían en la teoría del curso de vida. Simplemente ya no quería usar un uniforme, ponerme medias y seguir engordando como oficinista que era.

"Definirse" uno quien es, a veces sale de las decisiones menos pensadas. Y quizás soy dual, pero entonces, pienso que la Astrología -que quizá no sea ni ciencia exacta, pero que sí me da la respuesta que quiero- explica que soy capricornio con ascendente géminis, es decir la dualidad se me da, porque se me da.

A veces pienso, entonces en esa decisión de venirme a México, cómo dentro de 5 años estaré explicando que fue importante, o que no lo fue. Quizá.


Bonus track

Fui al concierto de Fito Páez el findesemana pasado.  Entró diciendo - muy argentino, él- que viviríamos uno de los mejores conciertos de nuestras vidas. Y pues sí. Es grande. Además se acordó de cantarme -para mí me estaba cantando especialmente a mí- "Polaroid de una locura ordinaria", donde está la frase "el tiempo maldita daga lamiéndonos los pies".

El concierto estuvo lleno de invitados, que estuvieron bien. Pero el mejor momento del concierto fue cuando cantó el cover de Serú Girán "Desarma y sangra"... Y como pues se me da la gana les dejo la canción en su versión original.



"Tu tiempo es un vidrio
tu amor un fakir, mi cuerpo una aguja
tu mente un tapiz.
Si las sanguijuelas no pueden herirte
no existe una escuela que enseñe a vivir"

jueves, 14 de octubre de 2010

Sobrevaloración, hipsters y conciertos

¿Qué hace una persona cuya gata está internada, tiene que pedir prestado para comer, no tiene tiempo para terminar todas sus tareas ? Pues por cuestiones de cariño y suerte, me vi en el concierto de Arcade Fire de ayer.

Empecé a oir a Arcade Fire tipo 2007-2008 (gritenme HIPSTER ), pero es la verdad. Pues resulta que Arcade Fire empezó pues siendo parte del soundtrack de "Six Feet Under" y además, un amigo gringo nos pasó unas canciones de este grupo. Pues el asunto es sencillo: a mi mejor amigo le encantan los soundtracks y la música que nos da la impresión que puede ser un buen soundtrack.

Ahí empezó a rolar Arcade Fire entonces entre mis amigos y yo. Sin fanatismo absoluto, pero con ahí estaba: Arcade Fire en el viaje a la playa, en el carro, en los discos que mi mejor amigo suele quemarme, en mis listas para trabajar en lo que era el Censo Agropecuario "y así". Me gustan. Me hacen sentir de buen humor. Llegué a México. Y la vida transcurrió. Yo sigo oyendo la misma música siempre. A veces agrego cosas nuevas (por ejemplo, del Soundtrack de Gossip Girl encontré a la joyita de Edward Sharpe and the Magnetic Zeros), pero ahí voy.

Pero Arcade Fire son hipsters y están sobrevalorados, dicen. En México sí conocen a Arcade Fire. Aquí sí hay 13,000 personas que pagan por oirlo. A mi me pareció hipster y sobrevaloradamente fantástico. Sin pantalones estrechos y sin lentes de pasta (me hacen ver más gorda, mara) me fui al concierto. Los hipsters pues son una raza extraña. Primero se me hace que están incómodos con el mundo y por eso se visten de manera incómoda y segundo queme da tristeza ver hombres guapos vestidos de hombres feos. No es de dios, no es de dios.

Fui al Palacio de los Deportes. Que además no conocía. De todos los lugares a los que he ido a conciertos en México es el que menos me ha gustado. Se me hizo chiquito. Aunque mi percepción puede estar afectado por la pareja de la par que me tapaban y sentía que me quitaban mi espacio.

Me gustó el concierto. La música es una maravilla y además me encantó ver cómo se divierten en el escenario. Las imágenes raritas y la música con tantos instrumentos, fue una buena experiencia. Voy a hacer mi top 3 de canciones del concierto que me hicieron saltar:

3. Intervention
2. Wake up
1. Rebellion (Lies)

Me hicieron falta dos canciones, soy hipster y digo, son de los discos menos famosos:

1. I'm Sleeping in a submarine
2. My heart is an apple



Por cierto:

Hoy me preguntaron: ¿Hay hipsters en El Salvador? Y yo no supe qué decir, tengo más de un año de no ir... y no sé si se ha adoptado la modita esa.

Y luego, aquí está una caricatura que ilustra lo hipster de Arcade Fire: http://hipsterhitler.com/2010/10/olympics/

jueves, 16 de septiembre de 2010

Home...I can't say where it is but I know I'm going home

Me he estado cuestionando, en medio de todo, de las diez mil cosas que tengo que hacer, de las diez mil cosas que he hecho últimamente mis definiciones de "hogar" y sobre todo de "patria".

Durante el mundial, debo confesar que envidiaba un poco a los mexicanos que han sabido compartirme su territorio en estos dos años. Los envidiaba verlos con su camisa verde, con sus sombreros, con sus pinturas en la cara. Envidiaba ese sentimiento que les veía de ser mexicanos.

Y es algo que yo ya había observado desde mi primer 15 de septiembre en México. Esa emoción de poner la banderita en las casas, de tener una bandera enorme y celebrar algo como una independencia con una fiesta tan familiar que parece cena de Navidad o Año nuevo. Además salir a las plazas y gritar "Viva México" y ponerse bigotes y brillantinas.

No lo entiendo. Lo veo y me admira. Me da una envidia leer cosas como ésta, de la querida Olga.

Porque en El Salvador la independencia es un desfile por la mañana, nada más. Un desfile al que además no fui desde que tuve 8 años. Porque los jesuitas, y muy bien que lo hacen, nunca hicieron participar al colegio en dichos festejos (tampoco dan asueto el día de la raza). Y el 15 de septiembre es más bien algo así como un asueto que nadie entiende muy bien, pero que está ahí para descansar. Y pasa y ha pasado todos los años como algo sin importancia más allá si cae viernes o sábado para que se un findesemana largo.

Y poco me emociona.

Poco emocionan muchas cosas "nacionales" de mi país. Mi nacionalidad recae en vosear, hablar ají con la jota y comer pupusas. Y eso es extraño. Todo es extraño. (En este momento puede verse la imagen de los gatitos que dice "Nadie me quiere", así es #sufrocomoaniuxa)

Y me siento quizá además extranjera, hasta de mi misma patria. Pinche -leáse bien el mexicanismo a propósito y sentido- vida de estudiante extranjera en festejos extranjeros. Y entonces recuerdo y vuelvo a mis lecturas de siempre, de mis ex-patrias.


El Gran Despecho
Roque Dalton

País mío no existes
sólo eres una mala silueta mía
una palabra que le creí al enemigo

Antes creía que solamente eras muy chico
que no alcanzabas a tener de una vez
Norte y Sur
pero ahora sé que no existes
y que además parece que nadie te necesita
no se oye hablar a ninguna madre de ti

Ello me alegra
porque prueba que me inventé un país
aunque me deba entonces a los manicomios

Soy pues un diosecillo a tu costa

(Quiero decir: por expatriado yo
tú eres ex - patria)






*El título del post es gracias a U2 en Walk On

Y hace un año hablé de mi país trasnacional, en CampoPagado

miércoles, 11 de agosto de 2010

En caso de Emergencia

Y hoy en la vida trágica de una dramática, presentamos:

"Oh, moriré sola"

En la escuelita nueva llegaron con unos formularios que habían que llenarlos en el momento.

"En caso de emergencia llamar a", suena fácil. Toda la vida he puesto a mi mamá. Pero hoy decía "En la República Mexicana". Yo dije, no pues yo no tengo a nadie. Y no es que no haya gente que me quiera en México (porque soy tan tan querible, que eso es simplemente imposible), sino porque no me imagino qué podría hacer la gente que me quiere, por ejemplo con mi cuerpo listo para repatriar... o bien no sé dónde estarán muchos en dos o tres meses, porque vivimos en tiempos de cambios.

En eso mi compañerita, actuaria de profesión, me dice "Tranquila, no te va a pasar nada". Y si hay alguien al que se le debe creer sobre los riesgos de morir y tener emergencias es a un actuario.

Así que me tranquilicé. Y la directora del centro de estudios me dijo que la podía poner a ella.


Y ya, solamente.

Pero sí me sentí feito, no tener contacto de emergencia.

sábado, 31 de julio de 2010

De exámenes de grado y forever estudiant-ana



Pues parece que fue ayer cuando hablaba de cómo me gradué de la universidad (aquí y aquí). En aquéllos días de anonimato "y así". 

Cuatro años después estoy en México. Haciendo un E-X-A-M-E-N y oral. Nunca en mi vida había hecho un examen oral. Yo hablo hasta por lo codos, no dejo hablar a la gente y sin embargo estaba paniqueada. 

¿Por qué sueño cosas los día de mis graduaciones? Ese día me desperté y había soñado que llevaba a la gatita púchica (no he ni hablado de la gata en mi blog, el tuiter está matando este asunto) a El Salvador y que además la llevábamos a la playa y la gata nadaba. No pues, lindísimo sueño y super significativo (!!!!).

Y bueno me levanté tarde. Me había acostado la noche anterior a las 2 ensayando mi presentación. Jamás en mi vida había hecho eso... normalmente preparo la presentación la veo mil veces, pero nunca digo en voz alta nada. Y me sentía rara. Casi que me quería poner el lapicito en la boca por aquello de la dicción como hacía mi papi cuando ensayaba. Pero no, no me puse el lápiz. Tampoco. 

Ensayé tres veces. La primera me tardé 23 minutos, la segunda 26 y la última 27. Dije que si seguía ensayando el peligro fuera que entrara en un loop mi presentación tuviera duración infinita. Así que me fui a dormir pensando en una presentación infinita donde nunca dejaba de hablar y todos caían dormidos.

Mi mami me despertó a las 11 y 30. Lo cual fue bueno. Dormí lo suficiente. Y era la hora adecuada para desayunar, bañarse, ordenar un poco la casa (barrí un poco), y empezar con eso terrible de peinarse. La plancha que tengo ya no sirve... me tardé 10,000 años en peinarme (bueno realmente 2 horas, fraccionadas) y no me duró nada. Porque a la mitad que me peinaba decidí ensayar una vez más. Y la planchada es más divertida si tu hermanito te ayuda con una parte del pelo y si ves un capítulo de "Amar en Tiempos Revueltos".

Cerca de las 3 PM decidí empezar a vestirme.  Hace un par de semanas decidí que iría de falda a la graduación, pero las lluvias me hicieron cambiar de decisión. No tanto porque me fuera a mojar las piernas (en todo caso pensaba irme en taxi y llevar sombrilla), sino porque me imaginaba que empezaba a temblar por el frío mientras exponía y que la voz se me quebraría aún más al hablar. Entonces la Gé me prestó un pantalón a última hora. Desempolvé los únicos zapatos de tacón que traje a México (no me los había puesto en más de dos años), desempolvé una pequeña chaquetita y decidí que pondría un top celeste (primero pensé en uno rosado, pero luego si me ponía el celeste podría ponerme unos aretes que son más bien mi estilo y en medio del disfraz hubiera estado divertido). Era algo así como "something borrow'd, something blue, something new". (Pero no estrené nada).

Como tenía que planchar el pantalón, me recordé de cómo en Seinfeld no se ponían en pantalón para que no se arrugara. Pero no me iba a quedar en calzones, así que puse un pants (rayado, de colores estrambóticos). Poco antes de la 4 pm veo mi ventana y la gata estaba afuera, se había salido por la ventana de mi cuarto. Y mi hermano me dijo "Voy por ella" y yo le dije "No, cambiate". Y salí. Cuando estaba afuera, en tacones, maquillada y con pelo planchado y pants ante la mirada extraña de unos bichos del edificio de la par caí en la cuenta de cómo andaba vestida. Pinche gata. 

Bueno nos fuimos, llegué (excesivamente temprano), en un taxi que nos cobró más de lo debido. Pero ya. A esperar los 30 minutos más largos del mundo para que empezara el examen. La mara empezó a llegar... la Jacqueline estaba más nerviosa que yo.  Y bueno, la Nathaly me sirvió el agua en el vaso y me llenó la botella. La gente me abrazaba y yo empecé a respirar como hago al inicio de yoga... No me sirvió mucho.  

Y empezó el examen.

Empecé hablando (muy muy rápido, hasta que la directora de la mesa me paró). Creo que eso hizo que mi presentación durara menos de mis "ensayos". Y luego las preguntas. Muchas preguntas. Yo trataba de obviar casi todo. Cuando exponía solo ver mi pantalla y cuando me preguntaban sólo oír... tratar de no ver nada ni a nadie. Como raro. Preguntas raras, normales, fáciles y díficiles, pero muchas. 

Luego la deliberación.

Y salir a platicar con la gente.

Y luego el dictamen.

Todo se hizo tan corto. 



Y ya.

Leyeron el acta, firmé y me dieron flores. Quizá sea lo más cercano a casarme que alguna vez tendré. 




Y ya. Festeje con los que tenía que festejar, sobre todo con mi mami y el brotherhood. Aunque me hicieron falta gente que por motivos sobre todo geográficos y el que no exista el don de la ubicuidad (o por lo menos no lo venden en Walmart), no llegaron. Extrañé a mi papá y el resto de mis hermanos, a Mario, a la Doris, a la Gaby. Me imagino claramente a Mario siguiendo la broma de mi frase célebre "Es muy díficil ser joven en El Salvador".



El lunes empiezo otra vez "Forever estudiant-ana". 4 años más y a ver si sobrevivo, jamás pensé que iba estudiar un doctorado... nunca lo pensé. Pero son "cositas" que pasan.


Peace out.


P.D. Esta es la presentación, por si alguien quiere ver qué fue lo que me trajo a México 2 años.

martes, 4 de mayo de 2010

Día de la cruz


De todas las tradiciones salvadoreñas, una de las que mas me gustaba de chiquita es el día de la cruz. Desde que ya no voy al colegio, ya no la había celebrado.

El día de la cruz es sencillo. Debajo de una cruz se va poniendo la fruta. Se le adorna a la cruz (un poco hereje ponerle vestidito al símbolo donde cristo murió y que sea un poco alegre) Y luego todos se reúnen, se persinan (así se escribe?) y se toma una frutita de su agrado. No importa si solo se llevó un racimito de coyoles, ud se puede llevar un mango. No importa. Hay un germen... ¿comunista? en el asunto. Y es divertido por eso. Todo esto una mezcla de tradiciones indígenas por la llegada de la lluvia y una cruz para que la Iglesia Católica (nomás la cruz y el persinarse). Les recomiendo leer el cuento de Claudia Lars.
.
Como salvadoreña en el extranjero, ese tipo de gente que se nostalgea con Rucks Parker y por cosas de El Salvador que no valoraba cuando vivía así, me puse a recordar el día de la cruz. Y pues le dije a las salvadoreñas más cercanas que si hacíamos algo para recordar la tradición.

Y listo. Vinieron dos salvadoreñas, Ya con tres salvadoreñas tenemos quórum. Y se sumaron mis roomates (un colombiano y un boliviano que ni idea tenían). Y a poner la crucita y la fruta. A falta de coyoles y mamones, la cruz más fresa del mundo con uvas. Agarramos un poco del papel del día de muertos que me había sobrado cuando armé mi altar el año pasado. Y la otra Ana (sí, la otra Ana Ruth economista que estudia conmigo, en serio, es otra persona), trajo unas flores artificiales y más fruta. Se me antojaba en serio que mi cruz tuviera coyoles, mamones, anona y demás. Pero tuvo manzanas, naranjas mangos, piña, papaya y uvas.

Luego, aprovechando las recientes visitas de unos amigos que hicieron el gran favor de traerme pupusas y demás alimentos salvadoreños, le dimos muerte a las pupusas, a unos frijoles y abrí el queso de capita con loroco.

Layer with loroco #badenglish
Horchata
Frijolitos
Pupusa de queso con frijoles

La noche no podría haber sido mejor, sin duda.


P.D. Se le agradece a la Jakeline por su siempre bien traer de la cámara digital.

martes, 30 de marzo de 2010

¿y hoy sí vivo en México? + Conciertos y películas

Cosas raras me han pasado. Digo kilos y no libras.Pasa que voy a cosas organizadas por Ebrard como el Festival México. Que me gusta Nortec. Que no mames, no mames, es una expresión aceptable. Y sin embargo amor... diría el gran roque, vivi los 30 años de monseñor romero viendo más tele salvadoreña que nunca. Vi a mi sobrino caminando por skype. Y bayunco sigue siendo una palabra hermosa, y digo "caiate", como dice mi roomie (se burla de la poca pronunciación de la ll los salvadoreños, pinche y bayunco caleño). Me siento casi casi con el don de la ubicuidad.

Pero bueno la onda quería contar de las cosas buenas que me pasan cuando tengo vida y me dedico al ocio y dejar constancia de que mi vida no es puro STATA y tesis. Este post es muy largo.

Dos conciertos


Concierto de Caetano Veloso
Después de ver a Radiohead pensé que la vida no podía ser más linda. Pero me equivoqué. Caetano Veloso es un dios a sus 68 años. Hace que se me ponga la carne chinita, me sienta pequeña pero contenta en el Auditorio (qué lindo el auditorio!!), y que me den ganas de llorar mientras canta "irene", pero de la alegría. No soy terriblemente fan de Caetano, pero pues sí como para reconocer que es un buen cantante y para poder y querer ir al concierto. Lo mejor es quejarte durante el metro por estar esperando a alguien y luego darte cuenta que llegaste a la hora indicada para que te cambien de asiento a la parte más adelante porque no se vendieron los de los costados. Timing diría Johansen (si lo veo alguna vez en vivo ahí sí me hago pipí).  Hermosa voz. Hermoso concierto. Las luces más. El verlo bailar y tocar una guitarra que parece timón de carro y tiene los acordes en la parte inferior... aún más. Hermoso Caetano. Redondito. Como no soy fan fan no pedía sus canciones de fan fan y disfrute que me presentara su último disco.Y los músicos re-buenos -en todos los sentidos. Además era lo que necesitaba, algo que me cargara de energía positiva completamente. Bueno, bueno. Los disfruté más que Radiohead -entenderán que fui al Foro Sol y los vi de bien lejos... pues es que soy pobre, pero además no creo que logren transmitir tanto sentimiento "bonito" como Caetano.


Clausura Festival México
Que vamos a ir a ver a un grupo colombiano que toca música colombiana. Sólo eso sabía y fuí. El grupo era Bomba Estéreo. La música colombiana, folklore con electrónica, diría la cantante.  Y ahí estaba, por  primera vez haciendo la veces de citadina en la ciudad y yendo a los eventos desarrollados por este monstruo que es el DF. La cita era el monumento a la Revolución. Y pues sólo caminar de metro Juárez al monumento es una onda super chiva. Me siento en "otro país", porque lo pueblerina-costeña-salvadoreña no me lo quita nadie, y estoy tan acomodada al sur, que cuando voy al centro ya es un evento de entrada.
La Maldita Vecindad y Bomba Estéreo. Foto Fidel Rocha
Y ahí estaba sin saber qué esperar. Que hay otro concierto, me dirían. Que sigue un grupo que se llama "Nortec", pero en ese momento no entendía la "c" del nombre de la banda.
Y uno podía contar colombianos por todos lados. Dada mi calidad de extranjera en México, termino en grupos donde hay más extranjeros que mexicanos, y siempre hay mayoría colombiana. Estoy casi segura que México no está lleno de mexicanos, sino de colombianos. Tengo mi hipótesis lista para que alguien me diga lo contrario, pero con pruebas.
Bomba Estéreo me gustó mucho. Tiene un dejo a "Alika", pero sin el reggae y más bien con cumbia. Lo mejor fue el cierre cuando llegó La Maldita Vecindad, una Ana de 10 años saltó como nunca. Fue increíble.
Luego vino Nortec y ya era de noche, eran pasadas las 7 y nos habían pasado tres cortos animados que habían ganado no sé que cosas. De todos me gustó el que había ganado el último lugar que lo pueden ver acá. Los demás estaban muy fumados y cripticos.
La sed se me quitó -es que no dejaban entrar nada en botella de plástico y no vendían nada- porque empezaba Nortec. Es tan genial. Banda y Electronico. Jamás los había oido. Además salté y salté y salté como tenía días de no hacerlo. Fue una noche de buenas y lindas sorpresas gratis.
De regreso, cosas que sólo pasan en esta ciudad. Un violinista toca a Elvis Presley y pide dinero y te recuerda del calentamiento global.

Esta ciudad es grande. Grande.

Bueno ante que no hay capítulos de estreno de Glee, he visto películas /y hoy reveo a Saint-Seiya- Pero pues además fui al cine y vi cosas 3D -uno siente que la tecnología ha avanzado tanto, uno que se emocionó tanto con "Space Jam", siente que no puede más. Pero vamos en orden... Spoilers! Se advierten, pero no tanto
  • Alicia en 3D 
Que no es Alicia del libro. Sí exacto. Pero yo ya sabía. No espera la Alicia del libro. Entonces me dediqué a disfrutar la Alicia de Tim Burton. En esencia la película no debería ser "Alice in Wonderland", sino "Alice in Underland". Y pues todos contentos. Es una Alicia grande. Y la idea está buenísima. Es como un epílogo... quien no se pregunta qué pasa después, al final de los libros. Pero pues... todo es comercial, y tiene cositas que no me gustan y que le quitan el buen sabor de boca que le dejan la reina roja y el sombrerero, tan bien ejecutados. Pues lo que no me gustó fue las peleas -nunca nos imaginamos a Alicia matando, en serio que no. Y la trillada escena de batalla donde hasta el personaje más chistoso pelea de manera "linda" pero efectiva -no odian esa parte cuando los gemelos y los demás pelean?. Y el final es tan chafa... Estilo Dale Carnegie, estilo padre rico, hijo pobre o como sea, de esos que hay que ser visionarios en la vida y por eso se van a comerciar China. Un fracaso la última media hora. En serio que sí.

Pero ver cosas en 3D es lo máximo... ya me apunto para ir a ver "Cómo entrenar un dragón".
  • Preciosa
Qué película... más triste. No hay que verla si uno tiene problemas, a menos que quiera sentirse mejor porque hay alguien más jodido que uno. Y entiendo hoy a la cabalidad el hashtag de tuiter "#sufrocomoprecious". Es una película dura. No puedo decir que mala. Pero no es mi tipo de película. Que la Mariah actúa bien porque sale fea y con bigote, quién sabe, mal mal no estuvo, pero tampoco. Simplemente no es lo que me gusta ver.
    La razón de la mayoría de las guerras
    es que gente intenta quitarle la
    comida a otra gente
  • Boogie el aceitoso
Además de lo chivo de ver esta película, fue haber ido al cine chiquitito de Plaza Loreto, "Cinemanía", es bien divertido. Las salas chiquitas, estilo el cine "Caribe", ese cine extinto en El Salvador. Y la animación del personaje de Fontanarrosa es de lo mejor. El humor más negro del mundo, pero humor al fin y al cabo. Y tantas frases que uno se lleva con una carcajada... Re-buena. Altamente recomendable.

Vean el trailer acá.


  • The Hurt Locker
De gringos para gringos y premiada por gringos. Pues el mérito de esta película es manejar la tensión. Me sentí tan tensionada como un examen y hasta me dolió el colon. Fue una cosa que me tenía desesperada. Eso está muy bien manejado. Pero pues la historia no es nada que sea del otro mundo. Es lo mismo de siempre. El gringo buena onda. El gringo sensible en la guerra. El soldado gringo que es la ley... Ummm pues quiero ver cuando hagan la película del soldado gringo hijueputa de la escuela de las Américas.
  • The ugly truth
Girly movie y la juzgaré bajo esos términos -soy experta en girly movies y las disfruto y qué!. De esas clásicas con un humor un poquito más de "hombre" que las de de Drew Barrymore, mucho más, cosas más explícitas como la broma del calzón que vibra. La escena esta donde tiene un orgasmo y todo el mundo ve, se opaca tanto cuando tiene en la memoria a la Meg Ryan en "When Harry met Sally". La bicha esta de Grey's Anatomy no es tan buena como una Meg Ryan o la misma Drew... pero pues... aguanta (es menos fail que la Cameron Diaz en "The sweetest thing"). La película la lleva el Gerard Butler, una mezcla de un Clive Owen con un encantador Hugh Grant... Pues eso hace que no se caiga por completo la película. No espere la película del siglo, sino ver a dos personas guapas: un hombre y una mujer que pasan por situaciones que pueden sacar más de una risa. Pero no es tampoco lo mejor en su mismo género. El tema de la película es casi como eso de "Los caballeros las prefieren brutas", pero no por eso hay que ser bruta y hasta las histéricas tienen chance del amor, siempre que sean rubias y guapas. (Digo pues, los temas nunca son un tratado de filosofía)


Y ya... creo que hoy trabajaré y luego me voy a asoliarme. Ahí se ven...


Entre otras, cosas además, hice un examen importante... que podía definir muchas cosas indefinidas en mi vidas. A ver si tengo algo más qué contar después.

martes, 19 de enero de 2010

Ya me fui/Ya vine/ Ya llegué.

Entre tantas idas y venidas no sé dónde regreso y donde voy.

Lo único que sé es que ya estoy en el DF. De nuevo. Lista.

Ya lloré, ya dormí, ya me enojé... y todas esas cosas que me pasan en los regresos-partidas y en las partidas-regresos.

Les cuento lueguito.

Sólo unas cosas:

  • No sabía que había tantas películas "Bring it on". Nos pasaron 3 en el ticabús. Gracias, me siento con deseos de ser rubia y de saltar. Ser porrista es lo máximo.
  • Los policías nunca saben qué revisar de los pasaportes: "Lo sacó en Galerías?", me preguntó el señor agente en Tapachula. "Sí". ¿Sabés donde queda Galerías?, pensé, pero mejor no lo dije.
  • Los señores de la migra por tierra mexicanos son más buena onda que los de avión, o así me pareció después de los chapines.
  • Admiro mi capacidad de dormir sentada.
  • La comida con hambre es la más rica del mundo.
  • Dormir con sueño es la mejor forma de dormir.
  • ¿Alguien sabe si el super "La Tapachulteca" tenía algo que ver con Tapachula?
  • Tapachula me recordó un poco a Sonsonate, un poco a San Pedro Sula y un poco a nada que haya visto antes.
  • No sentí ninguno de los temblores.
Otras cosas necesitan de más tiempo para ser contadas. Ahorita no tengo.


Saludos.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Sensaciones

Tengo la sensación que todo va muy rápido.

Que yo estoy quieta y todo se mueve.

Me marea un poco.


He querido escribir de muchas cosas, porque este mes ha estado lleno de cosas inesperadas. A pesar de que he dormido poco por la carga académica, ha valido para conocer Taxco, Tepoztlán, ir al ver el Taller coreográfico de la UNAM, ir a la Campusparty, que dos conciertos y eso es demasiado para lo que había hecho los dos meses anteriores. Porque mi tiempo "libre" para dormir lo he ocupado en hacer otras y eso me ha convertido es más o menos una zombie -una zombie gordita porque come para mantenerse despierta.

Noviembre ha venido con fuerza y parece que se va aún con más fuerza. Eso explica porqué escribo posts a las tres de la mañana.


Por otro lado he querido escribir de cosas serias, que este blog personal se despersonalice un rato: Daniel Ortega a reelecciones, Honduras sin Zelaya, las elecciones de Uruguay, y claro podrán decir los 20 años de la ofensiva nacional y la muerte de los jesuitas. Pero de eso último hablaré algún día.

No sé cuando. Porque no me acuerdo de mucho.

No sé cuando, porque no sé si puedo hablar. No sé.

Pero lo que sé es que no se olvida. Y ya.

Me encanta escuchar a la gente que puede hablar.

Pero ese es otro post.


Me pregunto qué me traerá diciembre... un viaje larguísimo y fiestas en casa y la sensación que ya México se va volviendo cada vez más pasado y menos presente en mi vida. Y qué seré después... "Maestra", vaya a usted a saber en qué me andaré metiendo.... Nunca pensé estudiar demografía, nunca pensé estudiar en México.

Y héme aquí.

Sin entender muy bien cómo vine a parar aquí, donde pararé y sentir que se mueve todo, y quizás, sin darme cuenta, yo también.

Saludos y como sabrán, escribo poco... en el blog... y sí ¿será que mi blog también está en extinción por el tuiter?


P.D. Intentaré cambiar de plantilla... esta ya no me gustó.
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