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lunes, 10 de agosto de 2015

La insoportable ansiedad del ser Aniuxa


I

Cuando uno es un ser simple quiere cosas simples. Y se asombra con cosas simples. A mí me gustaba sentarme adelante en los autobuses. Yo tenía unos once-doce años, y había convencido a mi mamá me que no me pagara el microbús para ir a la escuela y que me dejara irme en bus. Me dio una tarjeta de teléfono y me dijo que le tenía que llamar al trabajo cuando llegara al colegio. Esas primeras veces para mí era una hazaña. Me iba adelante porque suponía que era seguir las reglas, o que quizás era un poco más seguro. Y además me gustaba ver la simpleza de cómo el conductor se las ingeniaba para dar pasajes, y tomar el manubrio gigante, y poner todas las velocidades. A mí me parecía un arte. Me lo sigue pareciendo. Quizás ya no me imagino andar manejando en una 30-B, pero en ese momento parecía ser un gran trabajo. Y en mi mundo significaba todo. El conductor del bus en que me atrevía a ir sola.


II

Soy una miedosa. Las cosas nuevas me dan mucho miedo. Ya he escrito muchas veces, que además de miedo sin sentido, puedo tener miedo a las cosas menos terribles, cotidianas. Imaginarme así que de repente el metrobús en el que voy choca, todos morimos. O bien que nunca podría salir del vagón del metro porque ha habido un terremoto. Todos los aviones en que viajo o viajo mis queridos se caen. Son pensamientos estúpidos yo sé, pero díganselo a ellos, yo no los quiero tener, Pero están ahí. Es muy fácil decirle a alguien "no pensés en eso". Lo terrible es cuando no podés controlar eso. Sentir que se desvanece la sonrisa en el rostro de un día feliz, ante el miedo atroz que sea la última, la última de tu vida, de la vida de los que querés. Y no poder dormir por la ansiedad después de épocas felices.


III

Pero también las cosas se controlan un poco. Uno vive. Así de simple. Pero quizás uno va viviendo distinto. No he leído una novela en mucho tiempo. Tengo incluso varios meses sin leer alguno de mis poemas favoritos [pausa necesaria: creo que todos tenemos que llegar a leer a Emilio Ballegas, vaya allá y si no vuelve a este post, no importa]. Me he dado cuenta que siento que me estoy perdiendo de algo y que prefiero ser yo quien no lo busca, como quien le dice a ese deseo de escribir y de palabras: "soy yo la que no te tengo", cuando soy yo la que no me tengo.  ¿Será que es cierto que ya no tengo nada qué contar, qué cada vez las palabras me salen menos? 


IV

Este año ha sido bueno. En realidad, quizás muy bueno. Creo que estoy cosechando cosas y sobre todo conseguí un trabajo en algo que me encanta y me gusta. Vuelvo a ser un poco economista, sí Ana, tragate tus palabras. Vuelvo a ser esa niña que programaba en la clase de computación de su papá. Soy feliz, quizás.  A pesar de los pesares. Pero, uno se cuestiona siempre ¿será esto para siempre? ¿hoy sí tendrá mi trabajo un impacto? ¿soy quien debería ser? Tan sencillo que parecía dominar el arte de andar en bus.

V
Hace poco tomé el auto, de nuevo. Manejé por las calles del DF y fue algo un poco raro, hasta conocí lugares que no conocía (hola, Tláhuac). Luego manejé por San Salvador y fue la sensación más rara, sentir las calles ajenas sí, a veces muy conocidas, agradablemente conocidas y, otras tantas nuevas, distantes.  Quizás, me digo, es una cuestión de hábitos. Quizás debo ser más dura con todo lo que quiero ser, vencer algunos miedos. Pero a pesar de los hábitos y esfuerzos, uno nunca puede volver a ser, o ser quien es su propia mente. 

VI




A pesar de los pesares. Este es un post optimista.

martes, 20 de enero de 2015

Las vaquitas marinas

Desde hace varios meses, la Ligia me mandó una liga sobre lo terrible de la situación de las vaquitas marinas y firmé algo en change. org

En esta nota reciente dice:

En conferencia de prensa, el titular de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp), Luis Fueyo Mac Donald, reconoció que en efecto la población de esta especie se encuentra en una situación crítica, ya que de los 250 ejemplares que se tenían registrados, en los últimos dos años se perdieron casi 145.


Hace unos 8 ó 9 años (ay por dios, la vejez), escribí un cuento sobre una vaquita marina. Un ser un poco más mágico. No, no quiero que mis cuentos se hagan realidad.

Aquí les dejo a Eusebia.

Eusebia y su verdestino

Eusebia era una vaquita marina. Cuando le dijeron que tenía un verdestino, no entendió mucho. Su abuelita, que era una vaquita celeste con algunos pigmentos verdes, le explicó:
-Has nacido con más pigmentos verdes, eso significa que un día llegarás a tierra.

Eusebia no entendió mucho (otra vez). Pero eso del verde no le gustaba para nada. El mar es mar y, para rematar, los verdes son escasos entre las vaquitas marinas (que son normalmente azules y moradas). ¿Cómo llegar a tierra? y ¿Por qué llegar a tierra? Esas preguntas le entraban y salían, una y otra vez, en su cabeza vacuna.

Dos años después al día de la revelación de su implacable sino, Eusebia se negaba a buscar la tierra. Había oído por comunicación satelital oceánica que habían descubierto la existencia de algunas vaquitas fotofóbicas en tierra. Eusebia dilucidó que se podría tratar de ese verdestino. ¿De qué sirve estar en tierra si no se puede ver la luz?, se preguntaba mientras empezaba a notar que los pigmentos verdes de su celeste eran cada vez más intensos. Rápidamente dispuso un plan. Después de leer mucho, se enteró que todos los que luchan contra el destino mueren o sufren. Inició, en sabia prevención, un taller práctico en tres etapas:

1. Tener un amor imposible
Eusebia decidió enamorarse de un caracol. Caracoles y vaquitas no van, y no van, le decían. Eusebia dijo que debía entrenarse para su necedad; y para ser justos, Lario le parecía bastante simpático. El idilio no acabó muy bien, la vaquita terminó con cierto dolor estomacal (en los cuatro estómagos), pues Lario se echó a dormir una siesta de dos años, sin avisarle.

2. Tener una causa perdida
Eusebia decidió que velaría para que a las vaquitas con pigmentos amarillos no se les acusara de robarle la clorofila a los manglares. Pancartas y manifestaciones. Eusebia ya era toda una necia.

Iban ya dos partes, hacía falta una tercera antes de pararse implacable ante su verdestino...

3. No creer en la gran Vaca Sagrada
Eusebia se convirtió al Cristianismo y se fue a predicar. Al parecer algunos moluscos habían oído de un tal Nazareno, pero nadie de María. Consiguió un par de adeptos y empezó a practicar las ceremonias de comunión con algas. Tres meses después, Eusebia fue excomulgada, por supuesto.

Dispuesta y con la necedad en niveles óptimos, Eusebia se enfrentaría a su verdestino.

-¡Si la tierra me quiere me va encontrar!
El grito de batalla.


Mientras Lario dormía con sus lentillas para leer puestas, Eusebia fue en busca de su verdestino, se dio cuenta que la fotofobia no era tan mala. Luego, comprendió que, sin querer, en su necedad, había llegado a la tierra.

["Menguantes y otras creaturas" DPI, 2008]

lunes, 5 de enero de 2015

Adiós 2014

El 2014 es/fue un año raro. Es el año en las que más veces he llorado sin saber o sin poder controlarlo. Qué vergüenza, sí. Si ha visto a alguien en el camión [bus] llorando, quizás soy yo. Es un año que me fregó el ánimo. El mundo sentí que se fue a la mierda. Pero en realidad, viéndolo desde muy particular punto de vista, fue un año bueno para mí. Pero quizás, eso no me basta.

Desde temprano en el año lo de Gaza e Israel me dejaba un sin sabor muy horrible, de que lo peor que le puede pasar al mundo es la propia humanidad. Luego seguir observando el poco avance de los derechos sexuales y reproductivos en El Salvador con el movimiento por las 17, que realmente no ha avanzado mucho, pero que me hizo escribir varias columnas en mi espacio en Séptimo Sentido, revista dominical de La Prensa Gráfica, espacio que ya cumplió tres años. Pero sin duda, en septiembre (a dos días de titularme), nos cayó la noticia que afectaría todo: Ayotzinapa. 

Vivir estos momentos como extranjera que lleva residiendo ya 6 años en México, ha sido duro. Por un lado uno tiene menos herramientas, pero al mismo tiempo creo que se puede aportar desde la globalización de la noticia. No sé. Algunos dicen que el movimiento se fue de vacaciones. Yo quiero pensar que no. Yo quiero creer genuinamente que algo ha despertado. Hay gente más vieja y con más experiencia viviendo acá, que no es tan optimista. Eso ha sido el 2014, vivir entre la confusión de qué hacer, cómo hacerlo y con quién hacerlo. Y para mí: qué decir y cómo decirlo. ¿Cómo explicar que desde la lectura de alguien que nació en guerra civil sin parecer que se regaña? ¿Cómo explicar que uno se siente mal aunque "no sea tu país"? ¿Cómo no decirles que uno quisiera que el movimiento como éste lo hubiera querido por los 72 migrantes muertos (casi todos centroamericanos) en San Fernando sin parecer que se quiere robar el spotlight de la causa? Por eso el Ayotzinapa somos todos es tan poderoso, porque aunque no lo somos si nos atañe a todos.
Una foto publicada por Ana Escoto (@aniuxilla) el

En ámbitos más personales, como decía fue un año bueno. Me rehabilité de mi pie. Conocí Guadalajara. ¡Dejé de comer carne!. Construí un nuevo hogar y hoy, además del que ya tenía, tengo otro por tierras tapatías. Tuve un nuevo compañero de casa en el DF. Pedí la visa gringa, me la dieron. Visité Estados Unidos por primera vez (no me gustó tanto). Me batearon en miles de congresos, en otros tantos no. Lo usual. No escribí muchos cuentos ni poemas, pero terminé la tesis (a veces no se puede ser la multitasking que uno quiere). Tampoco leí tanto como quisiera.  


Una foto publicada por Ana Escoto (@aniuxilla) el

En general, sigo bien acompañada con grandes amistades a la distancia y a la cercanía. Cosechando una vida muy agradable en pareja estilo living apart together. En perspectiva no fue un año malo, en lo personal. De lo otro, que jode y chinga, me queda cantar como Yuri [ Ft. el tan en onda por la peli de Gloria, sergio andrade]: siempre vendrán... tiempos mejores.

Con este comentario ya podemos pasar a lo banal y vacuo. ¡Las listas!

Este año no vi tantas películas como el año pasado. Dice mi letterboxd que vi (o al menos llevé la cuenta ahí) fueron 89 (unas 20 menos que el año pasado).  Mi top 3 del 2014 (o al menos eso logré dilucidar por mis subjetivos ratings): Gran Hotel Budapest, La Grande Belleza y Kaguyahime no monogatari (La leyenda de la princesa Kaguyahime). [Aunque también me gustó mucho "Chicos y Guillermo, a comer" y "Joven y bella", ambas francesas].

En música, parece que sigo oyendo lo mismo de siempre, salvo algunas excepciones, según mi last.fm (aunque algo le pasó al scrobbling y no cacha lo que oigo offline):


Y pues sí, el disco de tUnE-yArDs y el regreso de los New Pornographers, fueron cosas muy bonitas de oír en el 2014. Además el soundtrack de Zankyou no Terror a cargo de Yōko Kanno (el 7 en la lista) fue otro agasajo.

Esto da para el momento otaku. Este fue un buen año para el anime. Shinichiro  Watanabe nos regaló dos grandes animes,  Zankyou no Terror y Space Dandy. Space Dandy es una cosa hermosa que se ha quedado en mi corazón como pocos animes. Es realmente una genialidad en términos de animación (cada capítulo tiene un animador diferente), pero es una comedia aparentemente ligera que se va transformando en una historia que no deja su humor pero si se va volviendo más inteligente. Es mi favorito del año, seguro se merece más que esta mención y un solo post.  También este año nos sorprendió Kill la Kill (de este anime hablé aquí).



Finalmente, las series y la televisión simple. Este año conocí RuPaul Drag Race y me parece de las cosas más amenas e inteligentes que se ha hecho con el formato de reality. Sí, vimos Mad Men y estamos que lloramos porque ya solo nos quedan 7 capítulos. Pero también descubrimos Fargo y Masters of Sex. 

Y ese fue el año en cortito y en banal.

Nos seguimos leyendo. 

[Si quieren leer el post anterior sobre el 2015 y mis propósitos, está aquí]

miércoles, 31 de diciembre de 2014

2015, Let's back to the future, Marty


El 2015 ¡ya es mañana!
Esta imagen me da nostalgia. Yo nací en el 84, hagan cuenta. Los 30 años futurísticos se nos fueron de las manos. Ya el 2015 está aquí. Y es un poco frustrante y no. Hay cosas que no me imaginaba que podrían existir y otras cosas que aún no existen. Un poco las expectativas de la vida misma, llegan cosas que no queríamos y otras que no sabíamos que queríamos.

Pero este post se trata de mí. Ya saben, que un poco este blog comenzó como un anónimo diario donde hacía catarsis y les hablaba a mis lectores como en "Cartas a María". Y empecé una tradición de año nuevo. El último post del año va del siguiente y el primer post del año, va del año anterior. Así que nos toca hablar de ese bonito año 2015. Que seguramente no es lo que pensaba Marty, ni yo, a mis 5 años.


En general no tenemos mucho optimismo para el año que viene. ¡Pero quizás por eso nos puede sorprender! Esperar nada o esperar mucha adversidad nos podría hacer valorar... ajá, sí, cómo no.
Pero cómo el cambio está en uno JAJAJAJA.  No, no puedo más con esa filosofía barata (y al servicio de una ideología, de paso).

Me hago propósitos porque necesito ordenarme siempre, como hacer el punteo antes de empezar a escribir y porque se me da la gana, pero no porque crea que vaya a mejorar la vida de nadie más que la mía. Y tengo casi los mismos propósitos que el año pasado (lo cual quiere decir que no los cumplí, spoiler alert para el próximo post). Además como ya dije, estoy viviendo una etapa de cambios y quizás estoy jugando a la fe que no tengo "el universo proveerá".

Pero ya hice mi google keep,  no sé qué más quiero hacer el otro año, por el momento se me ocurre esto, creo que ando menos previsora que otros años y un poco más concreta.




Eso sí lo que siempre me propongo:

  • El de siempre: ser más inteligente que mis impulsos. 
  • Procurar a quién merece y a la aniuxa que merezco


¡Feliz año! ¡A bailar las penas más y a quejarse menos!

Bueno, sí hay que quejarnos.



domingo, 28 de septiembre de 2014

Plutón conjunción Sol

Soy bien fan de leer mi horóscopo. A veces me tranquiliza. No estoy loca, es que pues Mercurio no sé qué y por eso ando con el humor que llevo (enojada, triste, sensible y así). Parte de mí sabe que es una estafa. Pero parte de mí no cuestiona lo que me funciona en el día al día. Me da una sensación de falta de control, que me da paz. Y es extraño porque lo que más me afecta a mí es que soy una control freak. Algo cambia y pues, obvio, me preocupa. 

Pero desde como enero de este año, hay ese rótulo en mi pronóstico "Plutón conjunción Sol: cambios inevitables", que parece que durará hasta diciembre del otro año. Es muy extraño, porque eso me da una certeza de aceptar lo inevitable. Como esa oración que dicen los de AA. Y me ha servido un poco como mantra. Ahorita todo está cambiando. Y me pongo un poco ajena a mí misma y veo todo cambiar y no me causa tanto estrés.

Hoy revisaba este blog, donde he escrito desde 2006. Así contando lo que he sido durante casi 9 años. Se dice rápido. Pero acá conté cómo mi fue mi graduación de licenciatura y mi graduación de maestría. Esta semana di un paso más y terminé el doctorado. La pregunta obligada que hasta me la hicieron en ask "¿qué se siente?". Y citando a Linkin Park o para verme más pro a Pink Floyd es un "Numb". Quizás porque todo ha sido muy reciente. Podría decir que siento raro que hoy sea domingo y no me esté preparando para ver a mi directora mañana, pero hasta ahí. Tengo muchas cosas qué hacer aún, trámites burocráticos que solucionar, y que la tesis redunde en cosas publicables. 

Sí he celebrado. Pero no me siento "finalizada".  No sé. No estoy ya para contar los pormenores de la defensa como hubiera hecho cuatro años (porque en realidad es un poco aburrido). Quizás sí expresar gratitud a quienes me acompañaron. Quizás, dejar la frase bayunca típica, como que me dieron un papel verde y me sentí con tarjeta verde el Externado. Pero sí hay un grado de satisfacción de haber terminado una investigación que duró cuatro años. Que fue en algo que yo quise hacer. De la región de la que vengo. Seguro lo que pasa es que simplemente, abrir un pedazo de conocimiento le deja a uno más interrogantes que certezas. 

Es extraño, porque ya no soy la eterna estudiante. Categoría que me ha definido institucionalmente durante seis años (maestría y el doctorado inmediato). Pero quizás ya entendí, que nunca lo dejaré de ser. Que no necesito un carné o una adscripción institucional. Siempre voy a ser esa que quiere saber más. Y segurito, ahorita ya veré en qué me meto. 


[Aquí está el prezi de mi presentación, por si alguien le interesa de qué va]

jueves, 24 de abril de 2014

El mundo es un pañuelo... de narrativas

I

Se murió Gabo.

Y no, no me corté las venas. Tampoco me corté las venas porque la gente se cortaba las venas. Pero me sirvió para un ejercicio de nostalgia de mis primeras lecturas. Todos empezamos con Gabo y es un gran inicio.

Yo empecé con "Crónica de una muerte anunciada". Venía de leer literatura infantil. De leer "Mujercitas" y quizás había sido mejor entrenamiento "Tom Sawyer" y un par de la colección Barco de Papel que tenían sus "twist" que me admiraban.

Pero llegué a Crónica. Y se me movió el piso. ¿Cómo así que me está contando desde ya el final de manera tan bonita que quiero seguir leyendo? Creo que eso me marcó. Leer a Gabo era desafiar las reglas de lo que ya había leído.

Pensando en escribir este post pensé llegar a la imagen en mi cabeza del libro que leí y cuando lo leí. Yo estoy segura que tiene que haber sido por ahí de mis 12 años. Pienso ¿fue antes o después de El túnel? Entonces quizás fue a los 11. Luego acuerdo haberlo leído en el baño de mi casa (sí pues, todos lo hemos hecho). Pero el baño de mi casa en mi recuerdo es el baño de la casa nueva que fue construida hasta 2002. Y eso es imposible. Recuerdo haberlo sacado de la pequeña bodeguita. Es un recuerdo claro. Pero también me acuerdo de la profesora Elena de tercer ciclo y algo con respecto a ese libro.

Entonces me paré. Dije, ya no escribiré el post. No tengo claridad. No tiene sentido.

II

Se me arruinó la tablet. Mi ritmo de lectura bajó mucho. Picándole al teléfono bajé una aplicación para leer libros. Para probarla llegue a mi carpeta de libros "prestados" en dropbox. Y el primero que apareció fue "Formas de volver a casa" de Zambra. Funcionó.  Se leía bien. Leí un párrafo. Lo anote para lectura urgente.

Lo olvidé, porque siempre ando en carreras últimamente.

Alberto me prestó su tablet la semana pasada,en lo que se ve si la mía tiene reparación.

Me urgió volver a Zambra.

Soy una niña de la guerra. Soy más Claudia que el protagonista.

Me da escalofríos leer. Pero ahí voy.

Siento que me puedo encontrar con algo. Algo en mí.

III

El estúpido bus de ETN llega tarde para mi regreso de Guadalajara. Es más estúpido porque no tiene conexiones. Ni pantallas individuales. COMO ANIMALES, hay que viajar a la vieja usanza. Saqué la tablet prestada.  Revisé las películas guardadas. Películas que no eran mías. Volví a ver los primeros 30 minutos de Vals con Bashir.

Estuve a punto de llorar con las primeras secuencias.  Esa donde es tan fácil pensar que recordamos algo que no existió. (ya había hablado de eso acá).

Es terrible, dudo de mis recuerdos, de nuevo. De todo.

IV

Cuando era pequeña, yo era también Teresita. La hija de la vecina. Me inventé una identidad. Me conté una historia que estaba basada en Jem and the holograms. Me iba al patio, me tocaba un arito y me convertía en Teresita.  Me era tan fácil creer en la magia. De alguna manera era normal pensar que la gente era más de una. Porque sabía que muchos tenían dos nombres (el real y "el que querían que le llamaran").

Quizás por eso el realismo mágico me cae tan bien. Porque crecí pensando que tenían sentido ciertos sinsentidos. Pero también me recuerda que uno puede ir al patio y dejar el mundo. Yo siempre quise/quiero dejar el mundo, a veces. No es escape porque siempre vuelvo. Es dar la vuelta. Teresita me servía para cenar donde la niña Menche que me daba leche con café, pero yo nunca hubiera dejado mi cuarto para dormir allá.

Y entonces me fundo entre Teresita y mi pasado. Y quizás hoy de adulta, esa fusión me da miedo. Cuando podría haber sido mágicamente natural.

V

Me pienso a mi misma (ególatra o muy buscadores insights). Y pienso en la efervescencia de la vida. A veces me gusta. A veces no. Ya no tengo la manía por querer marcar todo lo que pasa, pero a veces le tengo temor a que nunca sé que haya pasado. Nunca. Por ahí, entre tanta frase del Gabo que veía en mi FB decían que la vida es como uno se la cuenta, o algo así.

Últimamente, quizás siento que estoy apunto de deslumbrar qué tengo algo qué contarme. No sé muy bien qué es. Pero por el momento parece que hilvano cosas como las muertes de escritores, con mis lecturas y mis casuales revisiones de películas. Como que me busco un hilo conductor para decirme algo. Veo esas conexiones porque estoy en búsqueda. Pienso que es casual, mágico: el mundo es un pañuelo y ese pañuelo me quiere decir algo. Pero quizás sólo son narrativas propias. Quizás no terminen en nada más que en una crisis en medio del fin de mi vida de estudiante.

Quizás por eso volví al post.  Como ese ejercicio viejo de contar, de contarles.

viernes, 31 de enero de 2014

Voces

Me sucede cuando leo a un autor que "suena" como algo. Quizás eso explique mi fascinación por leer más a hombres que a mujeres (perdón, sé que debería ser menos sesgada y apoyar la causa de las mujeres escritoras, pero me derrito por los hombres). Me encantan los narradores fuertes. Omniscientes o metacientes (me acabo de inventar la palabra, esos que saben que ellos cumplen la función de narradores, ayúdenme con mi ignorancia)

Quizás por eso me enamoré de Vonnegut. Nunca lo había leído. Pero llegó una tablet a mis manos (¡Gracias, Alberto!). Y con ella un kindle. Y en cuestión de instantes ya tenía a Vonnegut ahí cerquita. Con su expresión sarcástica y sus dibujos en Cuna de Gato y Desayuno de Campeones. "Es que me hace reír" dicen las enamoradas, algo así.

[Luego aprendí cómo usar los epub y hoy hay una fila de libros electrónicos que se le suman a la fila de libros físicos que tengo por leer]. [ANA, HACÉ LA TESIS]

Pero ante este narrador tan simpático, tan impresionante (que impresiona e imprime) ¿cómo podía seguir leyendo a otro? ¿Cómo se hace en esa transición? Esa donde los autores revuelan la cabeza y ya hasta las instrucciones del champú me parecen dictadas por esa voz muda conocida, en mi caso la de Vonnegut.

Tuve que dejar pasar un tiempo. ¿Sólo a mi me pasa eso? ¿Cada vez mis neurosis están peor? No lo sé. Pero me cuesta hacer la transición cuando las maneras de narrar son tan "así" (véase cómo me adhiero a definiciones concretas). Intenté empezar con Perec (y no, no logré despegarme de Vonnegut). Sí, soy esa lectora indisciplinada, que además cree en la suerte de que los libros deben llegar cuando deben llegar y no cuando uno quiere.

Pensé que era una cuestión de géneros. Que debía leer cuentos para despedirme de la novela. Los cuentos son cortos, muchos más manejables. O pues quizás leer poesía. Buscando ahí en ese laberinto de epubs que construí en bibliotecas virtuales, llegue a Kawabata. Tan elegante y pulcro. Menos atiborrado. Como si fuera un gran señor con sombrero, sacando palabras e imágenes de él. Hay hoy una parte de mí que lee todo con voz ronca muda (sin timbre, a pesar que me da la impresión de ser ronca, no me imagino un timbre en específico). Leo como con tiempos espaciados. Como que esa lectura serenara por ratos, para luego caer en todo lo que no se dijo. No, no me vuelve como quinceañera loca (oh, Vonnegut, soy tu fangirl arrebatada). Pero es el elegante enigma lo que me enamora. Es el misterio o morbo elegante.


Soy fácil. Ya terminé un libro y voy por otro. Temo que me enamoro muy rápido.


martes, 29 de octubre de 2013

¡Bum!

Cualquier autodenominado "control freak" es el más grande de todos. Explicamos con ahínco a los que tenemos cerca: "nos gusta tener el control". A veces el control de las pequeñas cosas. No. No sobre las personas. No sobre los grandes sucesos. No sobre los posibles terremotos y catástrofes. Sobres las pequeñas cosas.

Las pequeñas y más ínfimas cosas.  Quizás cuando más conciencia tenemos de las grandes, nos aferramos a las más pequeñas.

Un tipo de pasta de dientes. Una manera de lavarse la cara todos los días. Esas rutinas. Las cotidianas. Tenés que tener la marca de párrafo en los documentos, ver los espacios, los estilos. Las rutinas de las actividades sin horario. Esas también.

Cuando esas se detienen.  Deternerse con adverbio de cantidad.

Mucho.

A veces, lo más grande puede estallar.


[aquí una pausa en el post de melodramático, piense en ese momento de película: alguien está a punto de apretar un botón rojo que destruye el mundo, un  mal superhéroe (o un grupo de superhéroes) lo detiene con una coreografía de los tres chiflados, o bien un dolor de estómago -al villano le cayó mal la comida-, o quien sabe, un simple arrepentimiento de solidaridad con la raza humana: nada pasa. No es heroico, es como negligente. Es como el árbol que nadie oye caer: su amigo el botón que nadie vio no ser apretado. La nada, la refrescante nada.]

La manera de respirar.  Aprender a respirar pausado. Esa será mi nueva manía. Una nueva manía para juntarlas a todas. Pa, que sirva.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Los miedos

Nunca he sido una persona que le encanten los riesgos. Jamás.

De niña no salía a jugar y me quedaba viendo televisión. Ser la adolescente que regañaba a sus amigas por temerarias (oh, hay tanta frases de mamá con las que me pueden molestar mis amigos), ser la que siempre es precavida. La precaución del miedo. El no entender porqué a tus amigos les gustan las cosas extremas.

Yo crecí con miedos de todos los tipos. Los grandes se hicieron pánicos. Ir en medio de la calle y tener la certeza irracional que el mundo se va acabar. Uno aprende a vivir con sus miedos. Con un poco de ayuda por aquí y por allá. Con un poco de entrenamiento y conocimiento propio.

Y uno a veces, en realidad, está medio dormido. Y no tiene consciencia de sus miedos (¡Bendita sea la inconsciencia de las rutinas!). Entonces es cuando atacan. Uno está medio dormido, se pone unos zapatos viejos, saca al perro (prestado) y un charco de agua en las escaleras ataca como esos pánicos.

Y uno no paniquea. Es más, todo parece ajeno.

El sonido que algo se quiebra. Pedir ayuda. Luego pensar que todo va a salir bien porque al final "puedo mover los dedos del pie". Pero llegar al consultorio y oír al doctor atrás tuyo (antes de llegar enfrente de vos) decir "está roto". Y saber que todo se fue a la chingada. Que el viaje a Chile que tenías planeado para dentro de menos de una semana se fue a la chingada. Tu primer congreso internacional, se fue a la chingada. Y no, el mundo no se va acabar, se va acabar un viaje.

Duele y estás afuera. Porque hay una certeza extraña. No lloras (no, hasta no ver la cuenta).

[Recuérdenme de darle vuelta al cuarto para encontrar la cartilla del ISSTE. Amiguitos, tengan sus seguros a la mano, los accidentes sí pasan].

No parece tan grave. Quizás puede serlo, pero no como en los miedos que te paralizaban antes, esos que no se cumplen. La realidad es menos real que tus miedos.



Y claro, es que no estoy sola. Gracias a los que han reaccionado. A los que mandan un mensajito. A los que dan like en facebook. A los que me cuentan un chisme para distraerme. Y pues ya saben, revire y contra.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Perdón, soy mujer

Los nervios. ¿cómo se dice? ¿cómo se pide? El pudor. Esa es ella, yo. Ana, de como doce años, seguro. Pidiendo un paquete de "kotex" en la tienda, quizás por primera vez o por alguna vez primera vez. El paquete lo envuelven papel periódico. Porque andar con la regla es algo íntimo. Y una vergüenza. Y si me voy a llevar eso, debe estar cubierto o así se asume.

Lo mismo, si había algún accidente. Una mancha. Algo. La vergüenza. El estrés de estar en el colegio, y ponerse el suéter en la cintura, que quizás estaba prohibido (es que las niñas se suben la falda y se amarran el suéter) y decirle a la profesora (con suerte, mujer): "es que me manché".

Con el tiempo aprendí a decir: "no lo envuelva", en la tienda. Ante cara de sorpresa de la señora de la tienda (e incluso luego a pedirlo cuando atendía un hombre). Aprendí a hacerlo. Y supongo que me considero bastante abierta a hablar de mis dolores cada mes (muchos, benditos Naproxeno, Ibuprufeno y Ketorolaco). Porque literal, yo no pedí nacer (mujer).

Pero sin duda, algo de mí todavía envuelve en periódico la vergüenza de ser mujer.

Hace una semana me hicieron una intervención por una úlcera en el útero. No es complicada. No lo he andado contando mucho (¿por qué? Si yo todo cuento, soy un alma extrovertida que escribe en todos lados, todo). Y cuando lo cuento, aclaro (como hoja de papel periódico sobre paquete de toallas sanitarias) que "no es nada de papiloma o de infección". Como si tuviera que explicar que esa úlcera es mía. O porqué la tengo.(Que no lo sé). Si me merezco "el castigo" o no.  Como si tuviera que dar cuenta de una enfermedad.

Mi reacción, de mujer, me ha sorprendido. Uno nunca sabe qué tan adentro tiene muchos pensamientos. Y ahora, una semana después de la intervención --que además ando con la regla-- se me vienen estas ideas. Y decido pues, escribirlas, para decirme a mi misma, como a la señora de la tienda, que no tengo que envolver nada.

[Aunque parte de mí también quiere decirles algo. Señora, señorita, mujer, mujercita: vaya al ginecólogo una vez al año, no deje esperar dos, puede ahorrarse mucho]

miércoles, 7 de agosto de 2013

Los finales

Uno piensa que muchas cosas están dadas. Que siempre estarán ahí. Es aún peor, pensamos que siempre estaremos en algún lugar (“real”, como en calidad de existencia) y que la gente que nos rodea también forma parte de ese mundo que no cambia. Incluso, pensamos que somos trascendentes. Que morimos y quedamos en la memoria. En los recuerdos. En las historia de quienes nos rodea.

A veces esa sensación de trascendencia cercana hace que me dé cierta paz. Como una sensación que los que quiero y me quieren están en una burbuja. Sin embargo, pasan cosas pequeñas (ínfimas quizás), que me sacan de mi zona de confort. El otro día, Sandra Aguilar, poeta y compañera  de lo que fue el Taller de la Casa del Escritor con el novelista salvadoreño Rafael Menjívar Ochoa, me comunicaba que la página web www.casadelescritor.org había desaparecido. Desapareció sin aviso. Entonces recordamos que nunca fue nuestra por completa. Nunca supimos dónde había puesto Rafa el host y quizás es el destino de las cosas cotidianas que hacen los que hoy ya están muertos. Una mezcla de situaciones la llevo a dejar de funcionar.

No es que La Casa del Escritor haya desaparecido (físicamente, por ejemplo, sigue ahí). El taller que se daba en la casa del que fuera “el” escritor Salvador Salazar Arrúe en Los Planes de Renderos, ya no volverá. Por lo menos de la manera en que lo conocimos. Y eso ha sido un balde de agua fría para muchos de lo que fuimos participantes.

No es que todo lo vivido por nosotros (casi treinta jóvenes) que pasamos por ahí haya desaparecido. Incluso, tenemos dos antologías “Memorias de la Casa”, pero claro que es un visión desde el presente hacia al pasado. Pero la página web era un resumen, una carta de presentación de lo que éramos. Un poco eso. Un poco, una muestra. Esa sensación de colectivo permanente y constante, de vernos listados juntos
.
Ese listado ya no está. He intentado acordarme cómo estábamos puestos. Qué material (la última actualización era del 2007) así que estábamos además ahí, más pequeños. Una foto que ya parece antigua de quienes somos. Pienso que esto me da un sinsabor, no sólo porque me quita parte de la historia colectiva. Es por lo frágiles que son los recuerdos. No puedo enumerar en mi cabeza las fotos del sitio. No puedo enumerar incluso los que estaban en la lista (porque los más nuevos del taller ya no estaban).

El sin sabor es saber que los recuerdos van siendo cada vez más subjetivos. Cada vez más recuerdos y la verdadera muerte es que los recuerdos ya no son sensaciones vivas, sino como entrañamientos, cosas vueltas a un sitio demasiado personal y frágil.

Entonces pienso no sólo en Rafael. Pienso en todos los que quiero. Y en los que me quieren. Como estamos destinados a desaparecer. De manera íntima, subjetiva, mental en cada uno de los que conocimos y conocemos.


Me imagino que lahipersensibilidad que tengo del recuerdo y de las historias que hilan esos recuerdos es un poco por donde me tocó vivir. Un país donde la historia y la memoria colectiva se pierden, se cruza con lo emocional. Donde aún escribimos el pasado desde el dolor, es cuando la fragilidad de los pequeños registros, duele.

domingo, 28 de julio de 2013

Enumerar pendientes

No dominar nada. Ni el cuerpo. Ni la mente. No dormir y la ansiedad.

Después de haber perdido el control, tan solo una vez. O una vez de la manera más terrible. El temor de volverlo a perder se hace más fuerte. Hasta una mala noche, cualquiera da miedo. Y cualquier miedo pequeño, se puede convertir en grande. Como el miedo a viajar.

Como si uno espera un terremoto.

Sabe que cualquier día, algo viene y destruye todo.

Todo.

Y eso lo hace a uno pequeño. Insignificante. Todo frente al miedo.

Empiezo a enumerar. Cosas que hacer. Cosas que soy. Todo para sumarme cosas y no mirar el abismo. Enumero pendientes como ovejas. Para dormir.

lunes, 17 de junio de 2013

Penúltimo de la sexta: Don, you're such a baby... monster

He tenido en borrador algún post sobre Mad Men.

"Mad Men y sus generaciones", mi visión más demográfica y además que quiere ver el cambio de una sociedad industrial a una de servicios tras la historia de un grupo de publicistas. Nunca vio la luz. 

Otro del final de la quinta temporada. Otro sobre Betty y el gaslighting. Nah. Esos menos, esos ni siquiera fueron borradores. 

Pero hoy, aquí y ahora como Teresa Rodríguez, estoy en un extraño momento ambivalente de "vacación". Y como siempre necesito interlocutores, necesito hablar de Mad Men (no me va a quedar tan bonito como el post de Lilián de la premiére de esta temporada). Pero hay que aprovechar que tengo que procrastinar vacacionar. 

{spoiler alert BIG TIME}

Después de seis temporadas de construirnos al mejor Don Draper, un tipo con mucho carisma, que se mueve como pez en el agua, lo estamos viendo caer. Reconstruirse. Este capítulo (6x12 The Quality of Mercy) nos dice mucha veces: Don es un bebé, pero no cualquier bebé, es un monstruo. Don es Rosemary's Baby. Lo que ya lo veíamos venir desde que vimos a Sally leyendo el libro, y quizás la camiseta que desató polémica de Megan Draper, que emulaba la de Sharon Tate, la muerta esposa  de Roman Polansky. [Aquí Weiner desmiente esta teoría]

Don llorando como Bebé

Lo vemos no sólo personificar a un bebé, si no, además dormir en posición fetal dos veces. Una en la cama de Sally, otra en su oficina. La visión del hombre modelo vuelto bebé, es una cosa estúpidamente simbólica, pero que, sólo con estos escritores puede ser visto de manera natural. La verdad, estoy impresionada, más que nunca de esta serie. (Estúpido y sensual Weiner, deberías donar tu esperma). 

El final del episodio anterior (6x11 Favors), donde veíamos a todos terminar más o menos estables (Peggy con un gato, Pete comiendo All bran, Ted Chaugh llegar con su familia), Don Draper terminaba borracho después de que su hija lo encontrara con Silvia Rosen, de la peor manera. Este es el preludio para cómo lo vemos caer, y creo que seguiremos viéndolo caer en un gran final de temporada. Pero lo vemos caer no de cualquier manera, lo vemos caer frente a sus mujeres.

Eso ha sido constante esta temporada. Lo vimos con Joan lo manda a la quinta por Jaguar, hasta hoy que lo vimos perder lo poco que le quedaba de Peggy. Lo vimos perder a Silvia Rosen (con su extraño cuento del sueño de que lo vio muerto). El womanizer por excelencia está perdiendo a sus mujeres. Esta perdiendo todo, sí, pero ese todo está siendo simbolizado una y otra vez por las mujeres alrededor de la vida de Don Draper. Y claro no es casual. Con solo revisar la entrada icónica que nos ha acompañado seis temporadas, lo vemos claramente: el mundo de la publicidad del que vemos caer a Don Draper es totalmente femenino. Y quizás por eso la caída es aún más castrante.



Realmente, no sé qué esperar del próximo capítulo. Yo me siento en el borde del abismo. No sé si quiero que me empujen y ver de cerca cómo cae. Pero lo que es seguro, como todo buen abismo, atrae al que lo ve. Y esta atracción a la caída, es el nuevo atractivo de Mad Men, porque realmente, está tan bien manejado, que Don Draper ya no es el hombre guapo que cae bien. Es, en efecto un monstruo, uno muy infantil.

[Notas aparte: las historias paralelas de Sally Draper y Pete Campbell/Bob Benson, estuvieron impresionantes, pero pues quizás algún día (no) haga un post sobre ellas]

miércoles, 29 de mayo de 2013

El juego de escribir

El martes mientras estaba en la premiére de "El Gran Gastby", pensaba en el personaje Nick Carraway. [No, como en el libro, sino como en la película] y me evocaba mucho a la primera parte de Pastoral Americana de Phillip Roth, pues la estoy leyendo. Uno que quiere ver hilos en las cosas que vive, y pues siempre los encuentra.

Entre la película que veía y la novela en curso, noté que me llamaba la atención la recreación del escritor. El testigo. El que todo lo ve. Pero que está ahí, al margen. "Que está y no está", repite dos veces Tobey Maguire en personaje,  en la película.

Me quedé pensando mucho en esto. ¿Cómo contar algo ajeno te hace vivir o no? Nick Carraway olvida su propio cumpleaños, fecha en que todos celebramos que existimos, mientras es testigo del nudo de una historia dramática. ¿Somos capaces de perdernos en las historias de los otros? ¿Qué tanto dicen de nosotros nuestras maneras de contar?

Hace mucho tiempo, alguien pidió un pdf de Sigmund Freud. Yo que no le hago al muchacho, pero sí le hago a las buenas búsquedas en internet, no encontré lo que la persona andaba buscando, pero algo que quizás sí andaba buscando yo, sin saberlo. «Der Dichter und das Phantasieren», traducido como "el creador literario y el fantaseo". 

[Nota hermosa como gran paréntesis: spiel en alemán se parece a jugar pero también puede ser actuar. Chequen esta cita:
Y el lenguaje ha recogido este parentesco entre juego infantil y creación poética llamando «juegos» {«Spiel»} a las escenificaciones del poeta que necesitan apuntalarse en objetos palpables y son susceptibles de figuración, a saber: «Lustspiel» {«comedia»; literalmente, «juego de placer»}, «Trauerspiel» {«tragedia»; «juego de duelo»}, y designando «Schauspieler» {«actor dramático»; «el que juega al espectáculo»} a quien las figura.
Nota para mi misma: retomar el alemán porque aumenta la concepción del mundo]

Por lo que entiendo (ya dije, no es lo mío, lo mío mío es ser curiosa y andar leyendo cosas que no me competen) es que al ya no poder jugar y fantasear como niños, buscamos otras maneras de jugar y fantasear y que mucho del quehacer literario viene por ahí.  Y que claro todo viene de la necesidad y la satisfacción de deseos (es Freud, mara). Nos dice "Es lícito decir que el dichoso nunca fantasea; sólo lo hace el insatisfecho". Vuelvo hacia los narradores, los personajes narradores: es mucho más creíble que Carraway nos cuente la historia del Gatsby mismo porque Carraway aparece carente de todo. La fantasía del testigo es un juego quizás más elucubrado que el juego de querer hacer ver los sentimientos.

Cambiemos tantito de género literario. La poesía es una fantasía. Ahí me detengo y me veo encontrada entre las posiciones novelísticas de Fitzgerald y de Roth. Porque aunque tengo mucho tiempo de no escribir un poema, sé que es ese juego que dice Freud. Pero ese juego me lo encuentro más cuando escribo un cuento (me divierte escribir cuentos, la poesía, me duele). Freud explica que el poeta cambia sus fantasías para crearnos un placer que viene de la estética al público (un poco como decir "yo te entendí, poeta", cuando leemos). 

¿Qué hacemos los que contamos cuentos? No sé. Estamos entre el juego de decir y no decir del poeta  y la de ser testigo. Me pondré de ejemplo. Mis personajes nunca son reales (cuando parecen ser reales, son un juego de ser real, como la primera persona que parezco yo, pero no lo soy). O bien, mis personajes pueden morderse las uñas como alguien que vi a alguien en el bus. Así de sencillo. Son humanos porque los crea alguien que vive en el mundo. Nuevamente, la testigo. ¿Qué tanto puedo olvidar mi existencia en mi propias creaciones? ¿Qué tanto hay de mí? ¿Qué tanto pienso que estoy jugando con el público y qué tanto me estoy escondiendo? Quizás estos insights me lleven a dejar un rato de escribir. La consciencia es despiadada.

Y sigo pregutándome ¿Quienes son mis Gatsby y mi Sueco Levov? Personajes principales, que son contados. Lo interesante es que hay una creación de personaje de "escritor" o narrador en Roth y en Fitzgerald, de antemano es un doble juego: juego a que cuento que cuento desde otro. ¿Qué personaje nos creamos al escribir? ¿Cuántos juegos nos ponemos para hacer crear a los demás y cuánto para nosotros? ¿Queremos comunicar?

Muchas preguntas. Ojalá alguien más letrado me las contestara. Por eso la publico. ¿Alguien que escribe ha pensado en esto? ¿Alguien que juega lo ha hecho? ¿Alguien?


miércoles, 15 de mayo de 2013

Aborto

Como este es mi blog personal y uno escribe cosas personales diré algo personal:
"si yo saliera mañana embarazada, yo, no abortaría." 

Dicho eso, tengo ya ganado el beneplácito de todos los conservadores. Seguro. Pero, no. No estoy con ustedes.

No se trata de lo que yo, Ana de 29 años, con una red familiar estable, con acceso a activos e información para ejercer mis derechos sexuales y reproductivos haría. Yo soy un miembro muy especial entre el colectivo de mujeres en el mundo, tristemente. Quisiera que hubiera más como yo. Y aún así, lo que yo haría es mi chingado problema. Y no debería ser una normativa.

[Es hasta gramatical: un condicional es condicional, no es imperativo: yo haría, no es vos tenés que hacer]

Yo por eso soy pro-choice. "Elección". Porque yo no puedo juzgar a toda mujer que tiene una historia de vida ajena, desde mi muy particular historia de vida o valores que la acompañan.

Es eso, gente. No se trata de ustedes. Porque no es su cuerpo, ustedes no son todo el mundo. No se trata de que juzguemos a la gente por tomar elecciones diferentes a la de nosotros y juzgar desde su posición muy personal. Que sólo haya opciones de morir en el intento (mujeres que mueren por abortar en malas condiciones), esperar milagros (como Beatriz* que no puede ni abortar al feto anancefálico que lleva dentro) o la cárcel. La vida no puede tener tan pocas opciones para las mujeres.

¿Quiénes somos para juzgar cada uno de los casos de mujeres que por el sistema patriarcal también tienen que llevarse a cuestas vidas que no son las propias, en condiciones que no comprendemos?

Por eso,  odio la legislación salvadoreña y su visión tan cerrada sobre el aborto.


[*Hace como dos semanas escribí de Beatriz acá, qué triste que la CSJ no diga nada, que se quede callada]

lunes, 22 de abril de 2013

Ser especial

Sucede que la gente se escuda en sus defectos. Se escuda, feo.

Así: soy especial y excesivamente diferente. Soy difícil. Y pues por eso todo lo que hago significa más que lo que hace cualquier persona.

Mover un meñique significa mover montañas. Y quieren un aplauso y agradecimiento constante. Que se les reafirme que en su nivel de persona especial, eso es una hazaña. Porque hacer eso supuso un esfuerzo extra.

Mover el meñique puede ser un evento importante una vez, a lo mucho. Pero si dicen que quieren mover montañas, deben empezar a tan siquiera pararse. Sin que nadie les aplauda.

Y lo siento mucho. Yo soy fáctica.

Y digo todo esto para mí. Porque este también es mi defecto.

viernes, 8 de marzo de 2013

Mujer

Mujer. Se discute si viene de raíces que significan blando (mullier, mullieris).  Nos pusieron en posición diferenciada: lo blando, lo frágil, desde cómo fuimos nombradas en medio de un mundo aparentemente dicotómico. [Nota aparte, podrían haber hasta cinco sexos y nosotros empecinados en configuraciones binarias]

Y así, es de nuevo 8 de marzo y vuelve esa bonita fecha del año en que nos enojamos por ser mujer. Porque nos dan un dulce y quieren que nos olvidemos del resto. Aquí josuedric.com lo ilustra muy bien



Porque una fecha parece un poquito de consuelo para lo que le toca vivir a muchas mujeres en el mundo, una fecha que además quizás le toque seguir trabajando a todas, como bien señala la guapa Belloso acá.

Más aún, pensemos en El Salvador. Les dejo una gráfica que he presentado muchas veces por ahí. El Salvador es un país feminizado, pero sobre en las edades de 30 a 44 años.
Índice de masculinidad por grupos quinquenales de edad, El Salvador 2003-2007
Estimaciones en base a las EHPM de los años años correspondientes (ver Escoto, 2010)
¿Esto no le dice nada? Pues piense que más de un tercio de los hogares salvadoreños están liderados por una mujer.
Distribución de los hogares según sexo del jefe del hogar. El Salvador. Varios años.
Estimaciones en base a las EHPM de los años años correspondientes

Es decir, El Salvador lo que tiene son salvadoras (propongo "La Salvadora", como nombre feminista y hashtag para los próximos movimientos sociales). Mujeres solteras jefas de hogar que trabajan y hacen que  sea el país con una alta tasa de participación femenina, y el único en América Latina dónde la tasa de desempleo es menor a la de los hombres.


Aquí mi post del año pasado que recoge todas mis quejas del día de la mujer de los años anteriores (la primera casi nace con este blog en 2006).


Y lean a la Ligia, ella siempre lo dice mejor que yo

viernes, 1 de marzo de 2013

Dream on



Pues la canción no tiene mucho que ver. Pero es como darle "encendido" a los sueños. Resulta que quiero ser la Aniuxa de mis sueños. 

A inicios de febrero tuve una semana de sueños muy raros. Eran situaciones que normalmente me daban pánico: plaga de cucarachas y serpientes y un terremoto. Pero en mi sueño yo era una Ana muy racional. Excesivamente tranquila. Que decía que había que llamar al exterminador y, en la otra ocasión, que se sentía cómoda saliendo tranquilamente de dónde estaba en un terremoto. Una Ana serena que soluciona y que no se paraliza.

Esa Ana es la Ana que quiero ser. 

Dream on.





martes, 5 de febrero de 2013

Erase and rewind


Así.
Como la cancioncita.


Uno está ahí con un capítulo que hizo hace un año de la tesis. En un año, las cosas de la tesis han cambiado. Y el capítulo se ve flojo, feíto, desorganizado.

¿Así era la Ana de hace un año? ¿Floja, feíta y desorganizada? No lo sé. Sólo sé que tenía la tesis menos clara. Y me da (un poco nomás) optimismo saber que por lo menos en un año tengo las cosas más claras. Lo que quiero y lo que me dicen los datos.

Es en la reflexión de un año que me doy cuenta de muchas cosas. A veces mis hallazgos van más rápido que yo misma. Y me gritan. ¡Ana! ¡Ana! Y yo ahí que me pierdo entre sintaxis de stata, entre que si hay más datos y no los logro oír.

O quizás sea lo peor: no los quiero oír. Porque es tener conciencia. Tener conciencia que estoy haciendo algo, que estoy diciendo algo. Que quizás sí podría dejar huella.

Y a veces más que a ser efímera le temo a la inmortalidad.

Y así es como reescribí un capítulo. Un lujo cuando debería estar escribiendo uno nuevo. No hay nada como borrar más de 10 páginas escritas, así como quien se quita una curita,  y decirse a uno mismo: volvamos a empezar. 

martes, 25 de diciembre de 2012

De tirar la suerte con la ciudad

Me pasa que suelo decir cosas como "si encuentro el bus rápido", "si todos los semáforos están en verde", "si no tengo que esperar el metro". Como si tirara un sortilegio.

Pienso que la mejor pitonisa es la caótica ciudad de México. Porque la verdad mis pensamientos son erráticos y poco sin sentido. Y porque suelo pensar que hay algo mágico en el caos.

Pero a veces parece que la ciudad habla con uno. Es tu amiga, te ayuda: me subí rápido al bus, los metros estuvieron ahí. Y justo cuando me preguntaba ¿estaré bien vestida?, la chica que iba sentada a la par mía (yo iba parada sosteniéndome de un barandal de la línea 9), me dijo "Qué lindo tu vestido". Yo sonreí, mientras el metro no se detenía ni hacía cosas raras. Y una tonadita de jazz en la cabeza (no en el ipod o en el teléfono), para poner el soundtrack adecuado.

A veces nomás toda la ciudad quiere que llegués a donde tenés que ir.
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