jueves, 24 de abril de 2014

El mundo es un pañuelo... de narrativas

I

Se murió Gabo.

Y no, no me corté las venas. Tampoco me corté las venas porque la gente se cortaba las venas. Pero me sirvió para un ejercicio de nostalgia de mis primeras lecturas. Todos empezamos con Gabo y es un gran inicio.

Yo empecé con "Crónica de una muerte anunciada". Venía de leer literatura infantil. De leer "Mujercitas" y quizás había sido mejor entrenamiento "Tom Sawyer" y un par de la colección Barco de Papel que tenían sus "twist" que me admiraban.

Pero llegué a Crónica. Y se me movió el piso. ¿Cómo así que me está contando desde ya el final de manera tan bonita que quiero seguir leyendo? Creo que eso me marcó. Leer a Gabo era desafiar las reglas de lo que ya había leído.

Pensando en escribir este post pensé llegar a la imagen en mi cabeza del libro que leí y cuando lo leí. Yo estoy segura que tiene que haber sido por ahí de mis 12 años. Pienso ¿fue antes o después de El túnel? Entonces quizás fue a los 11. Luego acuerdo haberlo leído en el baño de mi casa (sí pues, todos lo hemos hecho). Pero el baño de mi casa en mi recuerdo es el baño de la casa nueva que fue construida hasta 2002. Y eso es imposible. Recuerdo haberlo sacado de la pequeña bodeguita. Es un recuerdo claro. Pero también me acuerdo de la profesora Elena de tercer ciclo y algo con respecto a ese libro.

Entonces me paré. Dije, ya no escribiré el post. No tengo claridad. No tiene sentido.

II

Se me arruinó la tablet. Mi ritmo de lectura bajó mucho. Picándole al teléfono bajé una aplicación para leer libros. Para probarla llegue a mi carpeta de libros "prestados" en dropbox. Y el primero que apareció fue "Formas de volver a casa" de Zambra. Funcionó.  Se leía bien. Leí un párrafo. Lo anote para lectura urgente.

Lo olvidé, porque siempre ando en carreras últimamente.

Alberto me prestó su tablet la semana pasada,en lo que se ve si la mía tiene reparación.

Me urgió volver a Zambra.

Soy una niña de la guerra. Soy más Claudia que el protagonista.

Me da escalofríos leer. Pero ahí voy.

Siento que me puedo encontrar con algo. Algo en mí.

III

El estúpido bus de ETN llega tarde para mi regreso de Guadalajara. Es más estúpido porque no tiene conexiones. Ni pantallas individuales. COMO ANIMALES, hay que viajar a la vieja usanza. Saqué la tablet prestada.  Revisé las películas guardadas. Películas que no eran mías. Volví a ver los primeros 30 minutos de Vals con Bashir.

Estuve a punto de llorar con las primeras secuencias.  Esa donde es tan fácil pensar que recordamos algo que no existió. (ya había hablado de eso acá).

Es terrible, dudo de mis recuerdos, de nuevo. De todo.

IV

Cuando era pequeña, yo era también Teresita. La hija de la vecina. Me inventé una identidad. Me conté una historia que estaba basada en Jem and the holograms. Me iba al patio, me tocaba un arito y me convertía en Teresita.  Me era tan fácil creer en la magia. De alguna manera era normal pensar que la gente era más de una. Porque sabía que muchos tenían dos nombres (el real y "el que querían que le llamaran").

Quizás por eso el realismo mágico me cae tan bien. Porque crecí pensando que tenían sentido ciertos sinsentidos. Pero también me recuerda que uno puede ir al patio y dejar el mundo. Yo siempre quise/quiero dejar el mundo, a veces. No es escape porque siempre vuelvo. Es dar la vuelta. Teresita me servía para cenar donde la niña Menche que me daba leche con café, pero yo nunca hubiera dejado mi cuarto para dormir allá.

Y entonces me fundo entre Teresita y mi pasado. Y quizás hoy de adulta, esa fusión me da miedo. Cuando podría haber sido mágicamente natural.

V

Me pienso a mi misma (ególatra o muy buscadores insights). Y pienso en la efervescencia de la vida. A veces me gusta. A veces no. Ya no tengo la manía por querer marcar todo lo que pasa, pero a veces le tengo temor a que nunca sé que haya pasado. Nunca. Por ahí, entre tanta frase del Gabo que veía en mi FB decían que la vida es como uno se la cuenta, o algo así.

Últimamente, quizás siento que estoy apunto de deslumbrar qué tengo algo qué contarme. No sé muy bien qué es. Pero por el momento parece que hilvano cosas como las muertes de escritores, con mis lecturas y mis casuales revisiones de películas. Como que me busco un hilo conductor para decirme algo. Veo esas conexiones porque estoy en búsqueda. Pienso que es casual, mágico: el mundo es un pañuelo y ese pañuelo me quiere decir algo. Pero quizás sólo son narrativas propias. Quizás no terminen en nada más que en una crisis en medio del fin de mi vida de estudiante.

Quizás por eso volví al post.  Como ese ejercicio viejo de contar, de contarles.

viernes, 31 de enero de 2014

Voces

Me sucede cuando leo a un autor que "suena" como algo. Quizás eso explique mi fascinación por leer más a hombres que a mujeres (perdón, sé que debería ser menos sesgada y apoyar la causa de las mujeres escritoras, pero me derrito por los hombres). Me encantan los narradores fuertes. Omniscientes o metacientes (me acabo de inventar la palabra, esos que saben que ellos cumplen la función de narradores, ayúdenme con mi ignorancia)

Quizás por eso me enamoré de Vonnegut. Nunca lo había leído. Pero llegó una tablet a mis manos (¡Gracias, Alberto!). Y con ella un kindle. Y en cuestión de instantes ya tenía a Vonnegut ahí cerquita. Con su expresión sarcástica y sus dibujos en Cuna de Gato y Desayuno de Campeones. "Es que me hace reír" dicen las enamoradas, algo así.

[Luego aprendí cómo usar los epub y hoy hay una fila de libros electrónicos que se le suman a la fila de libros físicos que tengo por leer]. [ANA, HACÉ LA TESIS]

Pero ante este narrador tan simpático, tan impresionante (que impresiona e imprime) ¿cómo podía seguir leyendo a otro? ¿Cómo se hace en esa transición? Esa donde los autores revuelan la cabeza y ya hasta las instrucciones del champú me parecen dictadas por esa voz muda conocida, en mi caso la de Vonnegut.

Tuve que dejar pasar un tiempo. ¿Sólo a mi me pasa eso? ¿Cada vez mis neurosis están peor? No lo sé. Pero me cuesta hacer la transición cuando las maneras de narrar son tan "así" (véase cómo me adhiero a definiciones concretas). Intenté empezar con Perec (y no, no logré despegarme de Vonnegut). Sí, soy esa lectora indisciplinada, que además cree en la suerte de que los libros deben llegar cuando deben llegar y no cuando uno quiere.

Pensé que era una cuestión de géneros. Que debía leer cuentos para despedirme de la novela. Los cuentos son cortos, muchos más manejables. O pues quizás leer poesía. Buscando ahí en ese laberinto de epubs que construí en bibliotecas virtuales, llegue a Kawabata. Tan elegante y pulcro. Menos atiborrado. Como si fuera un gran señor con sombrero, sacando palabras e imágenes de él. Hay hoy una parte de mí que lee todo con voz ronca muda (sin timbre, a pesar que me da la impresión de ser ronca, no me imagino un timbre en específico). Leo como con tiempos espaciados. Como que esa lectura serenara por ratos, para luego caer en todo lo que no se dijo. No, no me vuelve como quinceañera loca (oh, Vonnegut, soy tu fangirl arrebatada). Pero es el elegante enigma lo que me enamora. Es el misterio o morbo elegante.


Soy fácil. Ya terminé un libro y voy por otro. Temo que me enamoro muy rápido.


jueves, 2 de enero de 2014

2013: ya se fue papito, salú pues

Ay. El 2013.

Mi balance del 2013 es como regular-medio. Tuve muchos altibajos. Cosas buenísimas. Muchas sí. Pero la salud me jugó muy mala pasada. Pero en parte, en esos momentos me sentí muy muy querida. Entonces cómo explicarlo. Sí estuvo jodido, pero no estuvo mal. Digo quizás el 2012 tuvo un saldo muy bueno y este año más bien no se puede juzgar como uno solo. Como si fueran varios períodos, diferentes. Quizás en parte porque fui varias. Y eso me agotó.

El primer trimestre tuve la compañía de mi mejor amigo. y eso fue hermoso, tener a alguien que te conoce toda la vida para llegar a hablar de la cotidianidad en otro país. Pensé que nada podría superar esa compañía hasta que encontré a una buena roomie con la que hablo como si fuera mi amiga desde el kinder. Y pues no puedo quejar porque Alberto también siempre estuvo ahí y que a pesar que aún resolvemos asuntos geográficos nos hemos sabido acompañar.

Pero me enfermé. Muchas veces. Primero pasé varias veces en cama por la gripe. Una tras otra. Para terminar en una crioterapia seguida de una caída con una fractura en el tobillo. Una mala racha. No saben, el costo de oportunidad de estar sano es ahorrarse un montón de dinero. Valoren su salud. Pero como dije, tuve amigos, novio, vecina que respondieron de manera impresionante. La primera semana recibí muchas visitas, flores y dulces además de muletas y sillita para bañarme. Me hizo evaluar lo que he cosechado en México. Tengo relaciones fuertes y que puedo contar con gente, aún cuando no es mi ciudad de origen. Les agradezco un montón. Ustedes son mi familia en México.

Addendum: Esas bonitas muletas son cortesía del Rufián,
a quien le debo la vida en forma de semitas.
Pero en medio de todo eso, me fui a Montréal (no sin antes sufrir por la visa). Y me la pasé andando en bici más que nunca (justo antes de la fractura, al menos le di buen uso a la pierna antes). Debo decir que eso ha sido de las mejores experiencias que he tenido en la vida. No me sentía tan libre desde que hacía minitorneos de bici cuando tenía 10 años.

Llévenme de nuevo. Te extraño Bixi

Trabajo no me faltó. La tesis avanzó. Quizás el último semestre del año hubiera querido tener más energías y fuerzas para hacer más cosas y hacerlas mejores. No pude ir a Chile a un congreso latinoamericano por la fractura, pero creo que he logrado un par de cosas más. Por ejemplo hablé con gente de varias partes del mundo, aquí en México, sobre mi tesis y estuvo bien.




También le debo mucho a la pluma. No he escrito todo lo que debiera o quise escribir. Pero eso sí, nos mantuvimos en la columna de la Prensa Gráfica en Séptimo Sentido. Donde he hablado de lo que me ha enojado o impactado más de este año: El caso de Beatriz, el juicio contra Ríos Montt, el cierre de Tutela Legal y los cambios que siento en México. Es un espacio a veces me saca en "guinda", porque es un registro que exige mucho: actualidad y universalidad. A pesar de esto, creo que ya me gustó, no es para nada el tipo de reflexión que hago en este blog. Ha sido una sorpresa que cada que me he encontrado a alguien en El Salvador me dice, "siempre leo tu columna", vecinos, tíos, papás de mis amigos. Me sentí leída y aunque eso hace que me muerda la trenza de la pena, me da alegría saber que lo que escribo llega a alguien.

Y hoy las superficialidades. Dice Letterboxd que vi 116 películas. Destacan de mi vida en el cine, laptop y dvd: "Starlet", "Stoker" y "The Conjuring". Mientras que vi con ansías la sexta temporada de Mad Men y hasta hice un post de ello, pero también me la pasé viendo American Horror Story. En mi lado otaku, también escribí de un par de animes, pero seguro la serie en este género que marcó este año fue una emitido en 2005, Samurai Champloo.

En mi mundo musical. Dice Last.fm que me la pasé oyendo a David Bowie, y cómo no, con ese maravilloso disco de "The Next Day", no podríamos esperar menos.  Y aquí lo demás que oí:



Por ello, haré mi top 5 de discos que salieron este año, porque Erick Chicas me lo pidió por facebook:

1. The Next Day - David Bowie
2. No Blues - Los Campesinos!
3. New - Paul McCartney
4. Reflektor - Arcade Fire
5. Lightning Bolt - Pearl Jam

[/mención a Daft Punk, es un gran disco, todos lo aman, está bien hecho, no más es ese tipo de música que no me prende tanto como los mencionados, no soy crítica es personal/ Sí, Editors tuvo un nuevo disco, pero no se acerca a sus discos anteriores.]

Mis mejores momentos en conciertos fueron dos, ver a We are Wolves en Osheaga y ver en Vivo a Vetusta Morla en el Metropolitan en la Ciudad de México. Los mejores conciertos del universo. Esos que no están tan llenos de gente pero que te ponen la piel chinita.


Vetusta Morla en el Metropolitan. Gracias Orus  :)

También viajé un poco dentro de México. Me nortié un poquito.
Macroplaza - Monterrey

Mazatlán - Foto de Alberto G.

Y ya. Les deseo que el 2014 nos mejore a todos. Aún cuando quizás no sea tan bonito como queremos, que nos haga mejores, al menos. Nos seguimos leyendo en este blog que se niega a dejar de existir por su dueña con egolatría que sigue escribiendo.

Peace out.

[Ah, y los propósitos para el 2014, están acá]

Actualización: Se me había olvidado mencionar que el 2013 significó enamorarme de Kurt Vonnegut. Nunca lo había leído y hoy siento que debía haberlo hecho hace años. Si bien me gustó más Cuna de Gato, me la pasé subrayando como loca Desayuno de Campeones

martes, 31 de diciembre de 2013

2014: ¿quién dijo miedo? Yo.

Como ya es sabido pocas cosas son más clásicas de este blog personal (*) que despedir el año hablando del siguiente año y empezar el otro, hablando del anterior (ese post es para mañana o para el 2 de enero, depende de la goma [cruda]).

Le tengo miedo al 2014. Miedo como ese de ver el Conjuro o sea una buena película de miedo. Pero eso, es una película en mi cabeza.

Más que al 2014, le temo al julio de 2014. Se me acaba el doctorado.

Desde 2008, me he llamado a mi misma estudiante y si quitamos el breve lapso de diciembre del 2006 a julio de 2008, lo he sido desde que fui a kinder a los tres años. (Hasta mi DUI salvadoreño emitido por primera vez en el 2002 dice que mi profesión es estudiante y nunca lo cambié). Mi permiso de residencia en México también lo dice claramente. Soy estudiante. Y eso me ha definido quién soy. Porque ya saben en este sistema capitalista nos define qué hacemos en relación a nuestro tiempo de trabajo (im)productivo.

Estudiante es decir, "la que estudia". Esa he sido. Es casi como esa otra etiqueta que llevo que me dieron al nacer "la salvadoreña". Esas definiciones que me acotan, como lo hace cualquier buena definición, que tamizan ese vasto universo de opciones de quién he sido, soy y podría ser. Y pues que eso cambie me da miedo.

[Otra gran definición de mí "la miedosa"]

Pero como al toro hay que agarrarlo por los cuernos o algún otro refrán que no incluya a la estúpida práctica de la tauromaquia, hoy sí tengo propósitos. (El año pasado no tuve, ni en el 2012 y pueden escudriñar el resto de propósitos incumplidos desde 2006).

1. Ahorrar
Ya saben más que propósito sería una imbécil si no lo hago. Se me acaba la beca a mitad del año y por más que quiera vivir del aire no lo podré hacer. Y no sé cuánto tiempo estaré en calidad de desempleada. Lo más adecuado para sobrevivir sería eso.

2. Hacer más ejercicio
Este año me quebré el pie [espere más de esta divertida historia en la próxima edición de este melodramático journal]. Pero esa situación me hizo pensar en que ¿estoy usando mi cuerpo para lo que está diseñado? Es decir para vivir, para usarlo, para disfrutarlo. Ya está roto el empaque, y ya no hay garantía. Lo cual significa que ya no hay cambios, ni devoluciones. Así que, va.

Algunas ideas


3. Rebajar.
Oh sí. Quiero rebajar por motivos estéticos. Pero relacionado con el punto 2, el médico ha sentenciado que tener una lesión cerca de una articulación me obliga a no tener sobrepeso y con un IMC muy cerquita del 23, eso me da pavor.

4. Salú, carnes rojas.
Cada vez consumo menos carne (casi nada). Y el pollo ya no me he es tan llamativo. Cuando como carne me cae mal, por ejemplo. No sé cómo pasó, se llama vejez, o gastritis. Pero cada vez mi estómago se rehúsa a ingerirla. El pollo (en pechuga) es mi amigo, pero creo que ya le puedo ir diciendo adiós, irlo espaciando. ¿Por qué? Porque se me da la gana. No es cierto. Bueno sí.  Creo que mi camino sólido al vegetarianismo es cada vez más corto. Pero ese genocidio llamado "cóctel de camarones", por ejemplo, aún me parece algo a lo que nunca podré decir que no.

5. Tener menos miedo.
Porque ese x tal que x pertenece al conjunto de los miedosos, no me gusta.

6. Los de megacombo siempre: usar los lentes de manera permanente, comer a horas, leer más y escribir quizás no más pero durante más tiempo de mi ocio.

7. El de siempre: ser más inteligente que mis impulsos.

8. Procurar a quién merece y a la aniuxa que merezco
El año pasado yo quizás escribía más bonito. Me gusté cuando dije:
Siento que tengo una vida bastante plena, a pesar de los pesares, que no sé qué ambicionar en el 2013, más que seguir por este rumbo. Por el rumbo donde me apasiona y no la tesis (maldita y bendita tesis), por el rumbo donde siempre quiero aprender cosas nuevas y por el rumbo donde siempre quiero decir cosas (aunque no sean las cosas más adecuadas). Quiero seguir cultivando mis amistades que han sabido ser perdurables y quiero seguir procurándome el cariño de quienes quiero. Así se simple y egoísta, mi vida.

9. CUMPLIR MIS PROPÓSITOS.
Quizás no lo hago siempre, por eso este metapropósito. Veo con optimismo el 2014. Si ni yo me doy una cuota de optimismo, entonces ¿quién?


Mis sesudas reflexiones sobre el 2013 están por venir. Pero antes, les deseo un gran 2014. La encuesta sesgada de mi gente cercana afirma que fue un año jodido en términos de salud, tragedias y dineros. Por eso, mis deseos para que a todos nos vaya mejor. Soy de esas amantes a la antigua que a veces cree en las vibras,  los sueños por cumplirse y el amor.


(*) Se recuerda que en este lugar no existe el control editorial y todo se escribe como el mayor gesto de autocomplaciencia. 

martes, 29 de octubre de 2013

¡Bum!

Cualquier autodenominado "control freak" es el más grande de todos. Explicamos con ahínco a los que tenemos cerca: "nos gusta tener el control". A veces el control de las pequeñas cosas. No. No sobre las personas. No sobre los grandes sucesos. No sobre los posibles terremotos y catástrofes. Sobres las pequeñas cosas.

Las pequeñas y más ínfimas cosas.  Quizás cuando más conciencia tenemos de las grandes, nos aferramos a las más pequeñas.

Un tipo de pasta de dientes. Una manera de lavarse la cara todos los días. Esas rutinas. Las cotidianas. Tenés que tener la marca de párrafo en los documentos, ver los espacios, los estilos. Las rutinas de las actividades sin horario. Esas también.

Cuando esas se detienen.  Deternerse con adverbio de cantidad.

Mucho.

A veces, lo más grande puede estallar.


[aquí una pausa en el post de melodramático, piense en ese momento de película: alguien está a punto de apretar un botón rojo que destruye el mundo, un  mal superhéroe (o un grupo de superhéroes) lo detiene con una coreografía de los tres chiflados, o bien un dolor de estómago -al villano le cayó mal la comida-, o quien sabe, un simple arrepentimiento de solidaridad con la raza humana: nada pasa. No es heroico, es como negligente. Es como el árbol que nadie oye caer: su amigo el botón que nadie vio no ser apretado. La nada, la refrescante nada.]

La manera de respirar.  Aprender a respirar pausado. Esa será mi nueva manía. Una nueva manía para juntarlas a todas. Pa, que sirva.

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