sábado, 13 de noviembre de 2010

Juventú, decisiones y el tiempo maldita daga lamiéndonos los pies

El otro día un buen amigo -sincero ante todo- me dijo:
-Tienes arrugas debajo de los ojos -por el tuteo, sabrán que es mexicano.

Y pues sí. Pero es como que la conciencia de algo nos hace verlo siempre. Nombrar las cosas las hace visibles diría mi profe de Metodología y pues sí. Ahí están mis arrugas. Debajo de los ojos diciéndome dos cosas: que debo gastar en una crema para que no sigan multiplicándose y además, que el tiempo pasa por mí.

Y por más jovial y por más cara de niña que tengo, el tiempo pasa por mí. Que además siento que no he hecho todo lo que debía, que a veces no aprovecho las cosas que tengo y que sobre todo me queda mucho por hacer.

Ajá, eso son las arrugas. El ser vieja me estresa  por no haber aprovechado mi juventú. Y en este mundo así estructurado, pasan dos cosas: la juventú es el momento. No hay manera de volverse atrás, se nos dice que es el mejor momento y que además es donde hay que trabajar -en versión gringa- para después ver qué hacemos de viejitos. Y, luego, el romanticismo que es el momento donde se comparten tantos espacios de socialización que uno hace sus verdaderos amigos, conoce al amor de su vida y además donde decide cómo será en sus últimos días: una profesión.

Esto último es lo que más de pone un poco complicada. Ayer, alguien me preguntaba, sin anestesia y con público presente, que qué haría si en lugar de tener una beca para estudiar demografía y estas cosas que estudio, tuviera una beca por el mismo tiempo pero para escribir. Pero eso sí, no podía hacer lo otro. No ser esta mujer que se obsesiona con las bases de datos y los métodos estadísticos y que le interesa el mercado laboral.

Y casi me muero.

Y me refugié en el alcohol. No. No es cierto. Creo que tomé un trago de mi cerveza. Como que entonces vi pasar toda mi vida -como dicen que cuando uno se va a morir. Para mi, renunciar a algo de lo que soy, parecía como una pequeña muerte.

Y dije que no podía. Que no puedo. Pero al mismo tiempo a veces siento esa necesidad de "definirme". Y digo la vida: "Vida, ¿qué querés de mí?". Y me da puros mensajes cruzados. Como diciéndome, yo no te voy a decir, la muy bayunca. Y me estresa.

Sin embargo, también en la misma plática resultó que terminé hablando de toda mi vida. Yo soy algo así como un muñequito que con un botoncito empieza a hablar. Y bueno terminé contando cómo es que había terminado escribiendo y esas cosas.

Y me di cuenta que hay una superposición de las decisiones que me han llevado a escribir cómo escribo y a estar aquí en México estudiando.

Podría decir que todo se resume a cuando decidí que ya no trabajaría como asistente de la gerente de una banca de segundo piso. Cuando decidí que buscaría algo más cercano a mi carrera como economista y como investigadora. Que era lo que quería realmente hacer. Y no estar administrando prestaciones a los trabajadores.

¿Y eso que tiene que ver con escribir?

Pues porque si no me hubiera ido de ahí, no hubiera conocido en el momento que tenía mis inquietudes a Rafael Menjívar Ochoa, pues en ese momento el presentaba un libro en lo que iba a ser mi nuevo centro de trabajo. Y nunca quizá hubiera ido al Taller de la Casa del Escritor.

Creo que ese diciembre de 2005 en que tomé esa decisión nunca me imaginé que esa decisión podía ser un "break point", como dirían en la teoría del curso de vida. Simplemente ya no quería usar un uniforme, ponerme medias y seguir engordando como oficinista que era.

"Definirse" uno quien es, a veces sale de las decisiones menos pensadas. Y quizás soy dual, pero entonces, pienso que la Astrología -que quizá no sea ni ciencia exacta, pero que sí me da la respuesta que quiero- explica que soy capricornio con ascendente géminis, es decir la dualidad se me da, porque se me da.

A veces pienso, entonces en esa decisión de venirme a México, cómo dentro de 5 años estaré explicando que fue importante, o que no lo fue. Quizá.


Bonus track

Fui al concierto de Fito Páez el findesemana pasado.  Entró diciendo - muy argentino, él- que viviríamos uno de los mejores conciertos de nuestras vidas. Y pues sí. Es grande. Además se acordó de cantarme -para mí me estaba cantando especialmente a mí- "Polaroid de una locura ordinaria", donde está la frase "el tiempo maldita daga lamiéndonos los pies".

El concierto estuvo lleno de invitados, que estuvieron bien. Pero el mejor momento del concierto fue cuando cantó el cover de Serú Girán "Desarma y sangra"... Y como pues se me da la gana les dejo la canción en su versión original.



"Tu tiempo es un vidrio
tu amor un fakir, mi cuerpo una aguja
tu mente un tapiz.
Si las sanguijuelas no pueden herirte
no existe una escuela que enseñe a vivir"

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