martes, 29 de octubre de 2013

¡Bum!

Cualquier autodenominado "control freak" es el más grande de todos. Explicamos con ahínco a los que tenemos cerca: "nos gusta tener el control". A veces el control de las pequeñas cosas. No. No sobre las personas. No sobre los grandes sucesos. No sobre los posibles terremotos y catástrofes. Sobres las pequeñas cosas.

Las pequeñas y más ínfimas cosas.  Quizás cuando más conciencia tenemos de las grandes, nos aferramos a las más pequeñas.

Un tipo de pasta de dientes. Una manera de lavarse la cara todos los días. Esas rutinas. Las cotidianas. Tenés que tener la marca de párrafo en los documentos, ver los espacios, los estilos. Las rutinas de las actividades sin horario. Esas también.

Cuando esas se detienen.  Deternerse con adverbio de cantidad.

Mucho.

A veces, lo más grande puede estallar.


[aquí una pausa en el post de melodramático, piense en ese momento de película: alguien está a punto de apretar un botón rojo que destruye el mundo, un  mal superhéroe (o un grupo de superhéroes) lo detiene con una coreografía de los tres chiflados, o bien un dolor de estómago -al villano le cayó mal la comida-, o quien sabe, un simple arrepentimiento de solidaridad con la raza humana: nada pasa. No es heroico, es como negligente. Es como el árbol que nadie oye caer: su amigo el botón que nadie vio no ser apretado. La nada, la refrescante nada.]

La manera de respirar.  Aprender a respirar pausado. Esa será mi nueva manía. Una nueva manía para juntarlas a todas. Pa, que sirva.

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