martes, 28 de septiembre de 2010

Kafkiando

Que el César, mi adorado roomie, me regaló los cuentos completos de Kafka. Se compró un libro exactamente igual para él, es el mejor regalo que me han dado, un regalo que también alguien se hace a sí mismo. ¿Qué decir? Que me suena familiar, hermoso, excelente y que hay cuentos tan cortos que me sirve para cualquier trayecto en el pesero.

Les dejo un cuentito, pero que leí en algún metro de los tantos que me subí ahora.

LA NEGATIVA,
de Franz Kafka.


Si me encuentro a una muchachita bonita y le pido: "Sé buena, ven conmigo", y pasa de largo sin decir una palabra, su actitud significa:

"Tú no eres un duque con apellido rimbombante; ningún americano atlético con la estatura de un indio, con ojos horizontales y contemplativos, con una piel acariciada por el aire de las praderas y de los ríos que fluyen por ellas. No has viajado a los Grandes Lagos, ni los has surcado, aunque no sé ni dónde se encuentran. Así que dime, por qué yo, una muchacha bonita, tendría que ir contigo".

"Olvidas que no te llevan en automóvil por la calle, balanceándote con sus sacudidas; no veo ir detrás de ti a los señores pertenecientes a tu séquito, embutidos en sus trajes y murmurándote piropos. Tus pechos quedan bien comprimidos por el corsé, pero tus muslos y caderas se resarcen por esa sobriedad. Llevas un vestido de tafetán con pliegues, como el que nos alegró tanto a todos el pasado otoño y, sin embargo, con ese peligro mortal en el cuerpo, sólo te ríes de vez en cuando".

"Sí, los dos tenemos razón y, para no ser conscientes de ello de un modo irrefutable, preferimos irnos solos a casa, ¿verdad?".

1 comentario:

  1. Ese cuento me lo leyó Fidel en el que creí era el peor día de mi vida. Días peores vinieron, pero ese cuento nunca va a dejar de recordarme al viento de octubre.

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