domingo, 30 de septiembre de 2012

Azules

En la carretera México-Veracruz hay muchas montañas. Y uno pasa por la carretera y hay un montón de montañitas. Me gusta ese viaje, porque siento que ese paisaje me es más cercano. Más mío.

Las montañas son azules por alguna casualidad que hace que nuestro cielo y horizonte sean azules. Es una gran casualidad pienso que además yo vea el azul y entre diferente tono de azul, uno puede medir distancias. La distancia es azul.

[Había un cuadrito en mi casa, así de montañitas azules, creo que estaba en la sala, luego terminó en algún cuarto, luego desapareció como el resto de objetos que uno recuerda de su niñez. Entonces las montañitas azules también son mi nostalgia del pasado].

Por eso es que quizás el blues se llama blues. No lo sé. ¿Por qué el azul de entre todos los colores? Eso me pregunto. ¿Por qué nuestro horizonte y nuestras distancias son de otros colores? ¿Mi nostalgia es estúpida, casual y estereotipadamente azul?

Pero me gusta el azul. Me gusta imaginarme cómo las montañas lejanas se van volviendo verdes.

Quizás.

A lo mejor sólo soy una daltónica de percepciones y los colores no son tan importantes cuando uno recuerda o recuerda cómo recordar. Porque pasa que se me olvida, se me olvida recordar. Pero entonces algo tan simple como una montañita azul, me recuerda cómo recordar y lo bonito que es la nostalgia.


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