Post final.. los anteriores están aquí y acá
México D.F., a los 11 días de Enero de 2011.
A veces quisiera escribir cartas con fechas, a la vieja usanza. Uno lo abre y ahí está: tiempo y espacio para decir algo.
Pero no siempre es tan fácil.
Escribo desde mi cuarto en el Distrito Federal. Este es mi cuarto. El cuarto en San Salvador era mi cuarto, Pero ya no es mío. Tiene mi cama y mis muebles. Pero todo lo que soy está más cómodo en este cuarto de por acá. En esta ciudad donde hace frío.
Debo contar como terminé de llegar a El Salvador, aunque yo ya estoy en México. A esta carta, pues, no sabría como ponerle lugar y fecha. Es anacrónica y está en espacios diferentes.
*Pausa de suspenso*
Empezaré por decir que los buses galgos son muy grises. Que Cindy nunca fue mi compañera de asiento. Porque resultó que había un galgos espacial a Guatemala. Nunca le dije buen viaje. Estos viajes están llenos de saludos y de no saludos.
La frontera está bien cerquita de Tapachula. En mi pequeño viaje, encendí mi reproductor de mp3 de 1GB sonó Dave Matthews Band y miraba los arbolitos por la ventana. Casi se me olvida de los infantes que venían atrás si no fuera porque movían mi asiento. El viaje será largo, pensé.
La frontera estaba tan cerca. Me bajé con mis documentos. Por primera vez usaría mi credencial. Antes el FM-3 , mi documento migratorio, era una libreta verde que parecía de los años 50's (y también mi foto tomada en el reconocido "Foto Flores"). Hoy es una credencial. La foto parece, según dice mi hermana, de una internada en siquiátrico. Yo digo que nomás me veo anémica. No sé porqué pero me emocionaba utilizar mi documento migratorio nuevo (soy tan ñoña, a veces, bueno, bien seguido).
En la filita me encontré a los hermanitos. Bien buena onda. Nos hicimos cherada. Luego llegó el nicaragüense. Y ellos fumaban y yo no. Y luego llegó un chico de Tabasco. Nos hicimos una "mara", pué. Haciendo los trámites y esas cosas.
Me fui al baño de la oficina de Galgos de la Frontera. Maravilloso cuando no sirven las chapas. La señora salió corriendo, porque cuando terminé ya no estaba. Yo quería por lo menos que supiera mi nombre si ya me conocía tan a fondo.
Nos subimos de nuevo al bus. El chico de Tabasco me preguntó que si no me quería pasar para adelante. El iba justo atrás de los hermanitos. Y pues pensé que era extraño aceptar ir a la par de un desconocido todo el viaje. Pero yo sabía que no iba a soportar a los infantes a mi alrededor. Y pues ahí estaban los otros y podía ser más divertido. Así que me cambié. Los asientos iban mucho más adelante que el que tenía. Eso también era un plus.
El viaje transcurrió. Oí música. Leí un par de cuentos de Kafka.
Se subió un señor a vender comida. Tenía precios en las tres monedas, no se cansaba de decir: dólar, peso y quetzal. El plato costaba: 40 pesos, 3 dólares o 20 quetzales. No eran grandes. Pero pues hacían su cometido.
Comimos.
Leí un poco más.
De repente, un olor. Un olor horrible inundó el bus. Pensé que a lo mejor era sólo un lugar por dónde pasábamos. No. Alguien omitió las indicaciones que nos dio la azafata más caderuda de la historia (cada vez que pasaba me golpeaba el hombro). La señora había dicho claramente que el baño era solo para orinar. Pero no.
Así que mi historia se detiene momentáneamente aquí, después de deternos en la gasolinera mientras la culpable limpiaba el baño.
6 horas de viaje. En ese estado.
Luego, llegar a El Salvador. A abrazar a mis queridos, con la pena que sentía que yo era toda una m***da andante. Pero me dijeron que sólo olía al cigarro de mis acompañantes.
***
En otras curiosidades, le pedí el celular prestado a la señora de mi encuentro bañístico en la frontera. Era salvadoreña y se puso a hablar y todos le caímos encima, porque el bus se atrasó 2 horas y media.
¿El regreso a México?
También tuvo sus cosas. Memorables. Como conocer a un indio (de la India) que reside en Canadá en Tapachula.Pero en esos regresos, siempre voy más triste.
martes, 11 de enero de 2011
martes, 4 de enero de 2011
Que veinte años no es nada (o cinco, o 27)
Le venimos manejando lo que vienen siendo los 27 años de edad. Pero además, este blog cumple 5 años.
Sí.
Un lustro.
*grillos*
Tengo una manía por hablar, gritar y por escribir.
¿Qué le vamos a hacer?
¿Celebro?
Pues sí. Como todo. Excusas para ser feliz.
No sé cuál es el objetivo más que exponerme a mi misma. Quizá. Todo empezó con un personaje anónimo -Aniuxa no era Ana Escoto. Para bien o para mal, eso cambió. Hoy escribimos en versión sintética, como trinidad cristiana. Pasé de ser tesista de estudiante de economista y trabajadora, a desempleada, a workaholic, a extranjera, a tesista de nuevo y a estudiante de nuevo. Todo en 5 años.
Para que no digan... dejaré algunos posts rescatables de estos 5 años, porque me gustan, porque les gustaron, porque comentaron... por cualquier cosa:
2010
Completar, completitud y complemento
Literatura es literatura
Romero esperando abril
2009
El Azteca, la derrota, las maras y un "Se busca"
Día de muertos
De las casualidades literarias - De Neftalí Coria a Mariano Brull
Semana de exámenes
Fuck San Valentín
2008
La familia, la propieda privada y... No, no era así.
Cosas que pasan
Se van porque no hay subtítulos
2007
El eneagrama
Des-amor-empleo
La hermosura y la gordura
2006
En-ojo no tan ajeno
Confusión
Anti-oda al útero
Gracias por leer, por estar. Me he ganado amigos, enemigos, trolls, mentadas de madres, cariños. El balance: positivo, aunque no sé hasta cuando seguiré escribiendo este volado. Pero ahí está.
Sí.
Un lustro.
*grillos*
Tengo una manía por hablar, gritar y por escribir.
¿Qué le vamos a hacer?
¿Celebro?
Pues sí. Como todo. Excusas para ser feliz.
No sé cuál es el objetivo más que exponerme a mi misma. Quizá. Todo empezó con un personaje anónimo -Aniuxa no era Ana Escoto. Para bien o para mal, eso cambió. Hoy escribimos en versión sintética, como trinidad cristiana. Pasé de ser tesista de estudiante de economista y trabajadora, a desempleada, a workaholic, a extranjera, a tesista de nuevo y a estudiante de nuevo. Todo en 5 años.
Para que no digan... dejaré algunos posts rescatables de estos 5 años, porque me gustan, porque les gustaron, porque comentaron... por cualquier cosa:
2010
Completar, completitud y complemento
Literatura es literatura
Romero esperando abril
2009
El Azteca, la derrota, las maras y un "Se busca"
Día de muertos
De las casualidades literarias - De Neftalí Coria a Mariano Brull
Semana de exámenes
Fuck San Valentín
2008
La familia, la propieda privada y... No, no era así.
Cosas que pasan
Se van porque no hay subtítulos
2007
El eneagrama
Des-amor-empleo
La hermosura y la gordura
2006
En-ojo no tan ajeno
Confusión
Anti-oda al útero
Gracias por leer, por estar. Me he ganado amigos, enemigos, trolls, mentadas de madres, cariños. El balance: positivo, aunque no sé hasta cuando seguiré escribiendo este volado. Pero ahí está.
sábado, 1 de enero de 2011
Ay, yo no olvido el año viejo
El 2010 fue ante todo, un año inesperado. Y eso se nota en que muchos de mis propósitos para ese año tenían que ver con mi regreso a El Salvador (que hubiera tenido que ser entre agosto y septiembre). Yo iba a regresar y tratar de insertarme en el mercado laboral salvadoreño.
Pero, no.
Me quedé en México.
Para empezar el doctorado.
La decisión la empecé a tomar por ahí de marzo. Que decidí aplicar. Fue raro. Yo tenía ganas de regresar. Extraño mucho vivir permanentemente en El Salvador. Pero al mismo tiempo sentía que no podía regresar. A lo mejor fue una maricada, a lo mejor soy cobarde, pero me quedé. Que me sigan pagando por estudiar e investigar, no tiene precio.
En el 2010, tuve una mascota. Nunca había tenido una, sólo mía -en la casa siempre hubo uno que otro animal-. La Púchica alegró mis días. Una gatita es una gran compañera para una tesista. Pero tuve que decirle abruptamente adiós.
En el 2010, además, dije muchísimas veces adiós. Demasiadas. Fue un año de muchas cosas emocionales. Comprender que la gente es pasajera, momentánea y que la soledad no es mala. Ser más independiente emocionalmente. Costó pero aquí estoy.
En este año, también, viví lo peor. Vivir de lejos que seres queridos estén en el hospital, que les roben, que tengan problemas y la gran impotencia que significa estar lejos de la gente que querés cuando están mal.
Hoy sí, la revisión de los propósitos del año pasado:
Lo que hoy tengo son ideas desperdigadas por todos lados y papelitos que nunca volví a leer. Este propósito fue inútil y un poco tonto.
Jajajaja. No ahorré. Incluso el 2010 ha sido de mis peores años en términos económicos. Pero bueno, no soy desempleada, soy estudiante.
Sí escribí. Terminé un proyecto. Empecé otro. Hoy tengo que terminar ese.
Y eso es todo. El 2011 parece ser un año lleno de trabajo, pero es lo que nos gusta. Saludos, mara.
Pero, no.
Me quedé en México.
Para empezar el doctorado.
La decisión la empecé a tomar por ahí de marzo. Que decidí aplicar. Fue raro. Yo tenía ganas de regresar. Extraño mucho vivir permanentemente en El Salvador. Pero al mismo tiempo sentía que no podía regresar. A lo mejor fue una maricada, a lo mejor soy cobarde, pero me quedé. Que me sigan pagando por estudiar e investigar, no tiene precio.
En el 2010, tuve una mascota. Nunca había tenido una, sólo mía -en la casa siempre hubo uno que otro animal-. La Púchica alegró mis días. Una gatita es una gran compañera para una tesista. Pero tuve que decirle abruptamente adiós.
En el 2010, además, dije muchísimas veces adiós. Demasiadas. Fue un año de muchas cosas emocionales. Comprender que la gente es pasajera, momentánea y que la soledad no es mala. Ser más independiente emocionalmente. Costó pero aquí estoy.
En este año, también, viví lo peor. Vivir de lejos que seres queridos estén en el hospital, que les roben, que tengan problemas y la gran impotencia que significa estar lejos de la gente que querés cuando están mal.
Hoy sí, la revisión de los propósitos del año pasado:
1. Graduarme de la maestría, sin atraso. Je. Me toca trabajar duro, para lo que ya ideé un plan mental.No sólo me gradué sin atraso, me gradué casi antes. Porque básicamente me gradué y a los días empecé las clases del doctorado.
2. Dejar de tener planes mentales... es que suelo no escribir mucho de lo que se me ocurre, tomaré la buena costumbre de tener un lapicito y papel a la mano, siempre.
Lo que hoy tengo son ideas desperdigadas por todos lados y papelitos que nunca volví a leer. Este propósito fue inútil y un poco tonto.
3. Buscar trabajo. Volver a ser parte del EIR del capitalismo salvadoreño.Este... No pues, no lo logré.
4. Ser más organizada, más ordenada y tratar de controlar mis despistes que ya me los puedo: olvidar cosas, fechas y demases.Pues no. En la tesis me obligué a muchas cosas. Pero mi caos y desorden, tiene algo de especial, quiero creer. Pero sí creo que debo mejorar, sobre todo por la salud mental de la gente con quien vivo.
5. Rebajar. Me propongo regresar a El Salvador con el peso que me fui.Bueno... pero no regresé. Y tampoco engordé. Fluctué entre dos kilos +- durante todo el año.
6. Ahorrar. Mucho. Mucho. Se me viene una epoca futura de desempleadez para la cual debo estar preparada.
Jajajaja. No ahorré. Incluso el 2010 ha sido de mis peores años en términos económicos. Pero bueno, no soy desempleada, soy estudiante.
7. Ponerme a escribir. Dejarme de mariconadas, que no me gusta lo que escribo -y es que para variar estoy cambiando de estilo y forma- y sacar lo que tengo. Dejar la adolescencia escritorial de lado y sentirme agusto con la que me estoy convirtiendo. Y es que debo aprenderme a escuchar mejor.
Sí escribí. Terminé un proyecto. Empecé otro. Hoy tengo que terminar ese.
8. Disfrutar México, lo poco que me queda de estar allá.Sí disfruté México, aunque me quedá mucho de estar allá :D Fui dos veces a la playa. Y fui a conciertos que nunca pensé ir: Charly García, Joaquín Sabina, Arcade Fire y Fito Paéz. Además empecé a tener más amigos mexicanos -proceso se asimilación FTW- y creo que me abrí un poco más a la cultura mexicana, a su gente y aprender que de alguna manera esa gran ciudad es también mi hogar.
9. Ser más inteligente que mis impulsos, el clásico, ya. Y es que este año nos fue como el cangrejo. El estrés hace que impulsos ganen.Creo que me enojé mucho. Dejé muchas relaciones conflictivas. Desaprendí un montón de jueguitos mentales que me había hecho desde hace muchos años. Y creo que soy un poco más feliz.
Y eso es todo. El 2011 parece ser un año lleno de trabajo, pero es lo que nos gusta. Saludos, mara.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Aniuxa en futuro imperfecto
(interrumpo mis posts sobre mi viajes, por tradiciones de este blog)
El último post del año es del año siguiente y mis propósitos, como lo he hecho antes, y el primero del año es para revisar los propósitos del año pasado (auch) que es el post de mañana. Nunca cumplo mis propósitos, pero me parece que es bonito regañarme una vez al año en las cosas que la estoy pero cag.. digo equivocando. Me sigo equivocando casi en las mismas cosas en 5 años. Esto es como un escarmiento público. Esperemos que el 2011 me traiga la capacidad de ser mejor, a ver cómo "seré" de mejor. (Es que el futuro perfecto es más feo, tendría que ser como habré sido). Aunque la verdad esto es más condicional que otra cosa. Bueno ahí van mis propósitos, como objetivos de proyecto en infinitivo:
1. Tener una vida más sana. Menos comidas sin horarios. Más verduras. Menos picante. Para que lleguemos a menos enfermedades que me auto-genero (gastritis, colitis, etc.)
2. Hacer más ejercicio. Volver a yoga, pero además hacer cardio. Quiero rebajar, pero también quiero ser cuidar este cuerpo que me ha durado hasta ahora. Parte del mantenimiento y pinche vanidad.
3. Menos twitter y facebook, amén. Más productividad en mis proyectos.
4. Ser más organizada, más ordenada y tratar de controlar mis despistes que ya me los puedo: olvidar cosas, fechas y demases. (Se repite del año pasado)
5. Ahorrar. Porque en futuros cercanos quiero viajar, no necesariamente este año. Ajá, pero viajar en serio. Cruzar el charquito que se llama Pacífico.
6. Usar los lentes permanentemente. Por ejemplo, ahorita no los estoy usando. Y de nada me sirve no usarlos, porque mi miopía y astigmatismo aumentan.
7. Terminar de escribir las ideas que escribo detrás de los cuadernos. Creo que debo darme más tiempo de ser esa que dice que escribe más a menudo
8. Guardar los tiempos. Los propios, los ajenos y los compartidos. Darle tiempo al tiempo dicen. No pretender que puedo ser dios y estar en varios lugares a la vez, y sobre todo, no estresarme por no tener el don de la ubicuidad.
9. Ser más inteligente que mis impulsos. Mi clásico. Creo que he avanzado mucho en conocerme a mí misma. Pero siempre me sorprendo, ja.
Les deseo un feliz festejo de lo que han vivido este año. En particular, es un año del que me siento orgullosa. Pero eso se los cuento en el primer post del año.
Además también brinden por el futuro, porque lo podemos construir. El año nuevo puede ser nuestro año de ser dioses por lo menos un día a la vez.
Salut
El último post del año es del año siguiente y mis propósitos, como lo he hecho antes, y el primero del año es para revisar los propósitos del año pasado (auch) que es el post de mañana. Nunca cumplo mis propósitos, pero me parece que es bonito regañarme una vez al año en las cosas que la estoy pero cag.. digo equivocando. Me sigo equivocando casi en las mismas cosas en 5 años. Esto es como un escarmiento público. Esperemos que el 2011 me traiga la capacidad de ser mejor, a ver cómo "seré" de mejor. (Es que el futuro perfecto es más feo, tendría que ser como habré sido). Aunque la verdad esto es más condicional que otra cosa. Bueno ahí van mis propósitos, como objetivos de proyecto en infinitivo:
1. Tener una vida más sana. Menos comidas sin horarios. Más verduras. Menos picante. Para que lleguemos a menos enfermedades que me auto-genero (gastritis, colitis, etc.)
2. Hacer más ejercicio. Volver a yoga, pero además hacer cardio. Quiero rebajar, pero también quiero ser cuidar este cuerpo que me ha durado hasta ahora. Parte del mantenimiento y pinche vanidad.
3. Menos twitter y facebook, amén. Más productividad en mis proyectos.
4. Ser más organizada, más ordenada y tratar de controlar mis despistes que ya me los puedo: olvidar cosas, fechas y demases. (Se repite del año pasado)
5. Ahorrar. Porque en futuros cercanos quiero viajar, no necesariamente este año. Ajá, pero viajar en serio. Cruzar el charquito que se llama Pacífico.
6. Usar los lentes permanentemente. Por ejemplo, ahorita no los estoy usando. Y de nada me sirve no usarlos, porque mi miopía y astigmatismo aumentan.
7. Terminar de escribir las ideas que escribo detrás de los cuadernos. Creo que debo darme más tiempo de ser esa que dice que escribe más a menudo
8. Guardar los tiempos. Los propios, los ajenos y los compartidos. Darle tiempo al tiempo dicen. No pretender que puedo ser dios y estar en varios lugares a la vez, y sobre todo, no estresarme por no tener el don de la ubicuidad.
9. Ser más inteligente que mis impulsos. Mi clásico. Creo que he avanzado mucho en conocerme a mí misma. Pero siempre me sorprendo, ja.
Les deseo un feliz festejo de lo que han vivido este año. En particular, es un año del que me siento orgullosa. Pero eso se los cuento en el primer post del año.
Además también brinden por el futuro, porque lo podemos construir. El año nuevo puede ser nuestro año de ser dioses por lo menos un día a la vez.
Salut
miércoles, 29 de diciembre de 2010
Y a fuerza de partir voy a saber lo que es volver, volver (II)
*Sigue de la entrada anterior, pero puede leer sin la primera parte, supongo
*Aunque esto no es Rayuela
*Sigue siendo largo, dramático y además introspectivo
Cuando sabía que solo hacía falta mi maleta para ir a comprar mi pasaje Tapachula-El Salvador en la terminal, fue el primer momento en que sentí que ya estaba llegando. Pasa que después de 18 horas de viaje uno siente que ha estado en un solo lugar -en un bus- y no por todo México. Y entonces me emocioné. Le dije adiós al compañero de viaje. Me deseó buen viaje y yo le desee feliz navidad. Me puse hacer fila donde se compran los ticketes y pasó una señora de pelo corto rubio y me dijo adiós, toda contenta. Con ella había hablado en alguno de esos restaurantes en los que se para el bus para comer. Ella venía desde Sonora. Otro señor me había dicho que venía desde Los Angeles, y no venía solo, con toda su familia, niños incluídos. Ellos ya habían llegado a su destino final, pero mi viaje parecía pequeño a comparación. A mí, de alguna manera, me hacia falta 10 horas, aunque esas 10 horas empezaran desde las 7 AM del día siguiente. Eran las 4:30 pm del lunes. Sabía que llegaría hasta el día siguiente en la noche. Pero a mi me hacían falta nomás 10 horas.
-No hay ticabús
-¿No hay?
-Pero hay una corrida de galgos a las 11:15
Bueno. Yo ya veía al otro lado de la estación el hotelito recomendado y que es lindo en el que me quedaría. Compré mi pasaje. Escogí el asiento en la ventana más adelante posible, asiento 23. Y me fui en busca de mi hotelito. Quería bañarme. Quería conectarme y decirles a mis papás que había llegado. Mi abuela murió el 2 de octubre de 1992 en Cumbres de Maltrata, Veracruz. Y aunque hoy están mucho más tranquilos que el año pasado, sé que tienen razones extra para preocuparse.
Pero no había habitación, ni en ese hotel, ni en el otro, ni el otro. Me toco irme a uno que costaba bastante más y que además no era bonito. Le dije a la señora que quería ver la habitación, pero después le dije que inmediatamente que sí cuando me dijo que tenía internet. Me subieron la maleta -soy una pequeña dama que no sube maletas-. Me acomodé y quise conectarme.
-¿Oiga cuál es la clave del internet?
-Espéreme un ratito que lo voy a conectar
Encendí la tele. Yo no suelo ver mucha tele. Primero porque durante casi dos años no tuve. Y segundo porque cuando tuve no tenía cable. Y hoy tenía cable. Extrañamente puse el 44, era el warner, como por inercia. Durante muchos años en el servicio de cable de El Salvador ese canal era el warner. Fue raro.
Me pude conectar, mandar correos, mensajes. Decir todo de estar viva. Me bañé en una ducha que no tenía ni cortina ni puerta. Me sentía como apenada aunque no hubiera nadie en mi cuarto. Entonces me di cuenta: No traje ni cepillo de dientes ni desodorante.
Salí a comer. Me fui al "Disfrutas", enfrente de la terminal de buses. Si un día van tienen que probar las aguas, que realmente son licuados de agua con fruta. Eran las 6 de la tarde. Y yo comía yo solita viendo la tele. Vi en el menú y decidí qué iba a desayunar. "Si mañana salgo tarde, aprovecharé para desayunar".
Pedí que encendieran el internet. Me puse a ver tele. Y me intenté acomodar en la habitación. El aire acondicionado sonaba super fuerte. Había un florero en la esquina, lleno de flores artificiales. Había un rótulo de "Por favor no limpie los zapatos con la toalla". Y la cama tenía una ropa de cama colorida, como típica, que olía un montón a detergente. Lo cual me dio confianza hasta que me empezó a picar -y seguramente fue mi neurosis y no nada de la cama.
El teléfono. Me asusté.
-¿Ya va desocupar el internet?
-¿Ah?
-Es que queremos desconectarlo.
No sé cuál es la política del internet y estarlo conectando y desconectando. Parecía como que yo era alguien que comía de más en un buffet. Me sentí hasta apenada y así que dejé que lo desconectaron.
Dormí. Bien. Más de 10 horas.
Baño y desayuno. Hoy en el desayuno habíamos más comiendo solos. En mesas grandes de 4 ó 6 , todos comiendo solos viendo la tele. Era uno de esos programas matutinos. Y había recuento de los mejores momentos en la telenovelas. Me di cuenta de cómo terminó la novela de lucerito. Dos comensales se sentaban a la par mía y ordenaban un desayuno muy similar al mío.
En una de esas, la comensal y yo nos reímos al unísono de unas cachetadas de telenovelas. Y fue divertido. Comí, aunque ya no quería, pero no quería dejar nada en mi plato y me fui. Fui por mis cosas y ya iba siendo hora de irse a la estación. En la fila -pequeña- para registrar el equipaje iba un chero de pelo largo, colocho y con pasaporte Nica que le preguntaba al señor tico, supongo, que si en San Salvador se podía agarrar el otro bus. El señor le decía que sí. Uno de los comensales del desayuno llevaba muchas maletas -entre esas cosas que se veían que eran instrumentos musicales-. Y me sonrió y me preguntó que si iba a San Salvador también.
-¿Sos de allá?
-No, yo soy de Guadalajara
-Ah
Era un músico de Guadalajara que viajaba con su hermana. Que quería tocar en Costa Rica. Venía en tierra desde tierras tapatías. De la nada sacó un disco y me lo regaló. El grupo lo pueden encontrar aquí: http://www.pneumus.com/. Lo oigo ahorita de soundtrack mientras escribo. Agradecí y le dije que qué lástima que no tenía un discman. Nunca pensé decir tales palabras. Le dije que me iría a sentar.
Ahí, sentada en la estación, me encontré a Cindy. Una guatemalteca que regresaba a su casa después de tres años de trabajar en diferentes hoteles. Venía desde Michoacán. Que estaba emocionada. Que trabajar en turismo es cansado y que la discriminaban por ser guatemalteca, aunque era bien chelita.
-¿Cuál es tu asiento?
-23, le dije.
-¡No es cierto!
El suyo era el 24.
Y llamaban : "Los de El Salvador".
*Aunque esto no es Rayuela
*Sigue siendo largo, dramático y además introspectivo
Cuando sabía que solo hacía falta mi maleta para ir a comprar mi pasaje Tapachula-El Salvador en la terminal, fue el primer momento en que sentí que ya estaba llegando. Pasa que después de 18 horas de viaje uno siente que ha estado en un solo lugar -en un bus- y no por todo México. Y entonces me emocioné. Le dije adiós al compañero de viaje. Me deseó buen viaje y yo le desee feliz navidad. Me puse hacer fila donde se compran los ticketes y pasó una señora de pelo corto rubio y me dijo adiós, toda contenta. Con ella había hablado en alguno de esos restaurantes en los que se para el bus para comer. Ella venía desde Sonora. Otro señor me había dicho que venía desde Los Angeles, y no venía solo, con toda su familia, niños incluídos. Ellos ya habían llegado a su destino final, pero mi viaje parecía pequeño a comparación. A mí, de alguna manera, me hacia falta 10 horas, aunque esas 10 horas empezaran desde las 7 AM del día siguiente. Eran las 4:30 pm del lunes. Sabía que llegaría hasta el día siguiente en la noche. Pero a mi me hacían falta nomás 10 horas.
-No hay ticabús
-¿No hay?
-Pero hay una corrida de galgos a las 11:15
Bueno. Yo ya veía al otro lado de la estación el hotelito recomendado y que es lindo en el que me quedaría. Compré mi pasaje. Escogí el asiento en la ventana más adelante posible, asiento 23. Y me fui en busca de mi hotelito. Quería bañarme. Quería conectarme y decirles a mis papás que había llegado. Mi abuela murió el 2 de octubre de 1992 en Cumbres de Maltrata, Veracruz. Y aunque hoy están mucho más tranquilos que el año pasado, sé que tienen razones extra para preocuparse.
Pero no había habitación, ni en ese hotel, ni en el otro, ni el otro. Me toco irme a uno que costaba bastante más y que además no era bonito. Le dije a la señora que quería ver la habitación, pero después le dije que inmediatamente que sí cuando me dijo que tenía internet. Me subieron la maleta -soy una pequeña dama que no sube maletas-. Me acomodé y quise conectarme.
-¿Oiga cuál es la clave del internet?
-Espéreme un ratito que lo voy a conectar
Encendí la tele. Yo no suelo ver mucha tele. Primero porque durante casi dos años no tuve. Y segundo porque cuando tuve no tenía cable. Y hoy tenía cable. Extrañamente puse el 44, era el warner, como por inercia. Durante muchos años en el servicio de cable de El Salvador ese canal era el warner. Fue raro.
Me pude conectar, mandar correos, mensajes. Decir todo de estar viva. Me bañé en una ducha que no tenía ni cortina ni puerta. Me sentía como apenada aunque no hubiera nadie en mi cuarto. Entonces me di cuenta: No traje ni cepillo de dientes ni desodorante.
Salí a comer. Me fui al "Disfrutas", enfrente de la terminal de buses. Si un día van tienen que probar las aguas, que realmente son licuados de agua con fruta. Eran las 6 de la tarde. Y yo comía yo solita viendo la tele. Vi en el menú y decidí qué iba a desayunar. "Si mañana salgo tarde, aprovecharé para desayunar".
Pedí que encendieran el internet. Me puse a ver tele. Y me intenté acomodar en la habitación. El aire acondicionado sonaba super fuerte. Había un florero en la esquina, lleno de flores artificiales. Había un rótulo de "Por favor no limpie los zapatos con la toalla". Y la cama tenía una ropa de cama colorida, como típica, que olía un montón a detergente. Lo cual me dio confianza hasta que me empezó a picar -y seguramente fue mi neurosis y no nada de la cama.
El teléfono. Me asusté.
-¿Ya va desocupar el internet?
-¿Ah?
-Es que queremos desconectarlo.
No sé cuál es la política del internet y estarlo conectando y desconectando. Parecía como que yo era alguien que comía de más en un buffet. Me sentí hasta apenada y así que dejé que lo desconectaron.
Dormí. Bien. Más de 10 horas.
Baño y desayuno. Hoy en el desayuno habíamos más comiendo solos. En mesas grandes de 4 ó 6 , todos comiendo solos viendo la tele. Era uno de esos programas matutinos. Y había recuento de los mejores momentos en la telenovelas. Me di cuenta de cómo terminó la novela de lucerito. Dos comensales se sentaban a la par mía y ordenaban un desayuno muy similar al mío.
En una de esas, la comensal y yo nos reímos al unísono de unas cachetadas de telenovelas. Y fue divertido. Comí, aunque ya no quería, pero no quería dejar nada en mi plato y me fui. Fui por mis cosas y ya iba siendo hora de irse a la estación. En la fila -pequeña- para registrar el equipaje iba un chero de pelo largo, colocho y con pasaporte Nica que le preguntaba al señor tico, supongo, que si en San Salvador se podía agarrar el otro bus. El señor le decía que sí. Uno de los comensales del desayuno llevaba muchas maletas -entre esas cosas que se veían que eran instrumentos musicales-. Y me sonrió y me preguntó que si iba a San Salvador también.
-¿Sos de allá?
-No, yo soy de Guadalajara
-Ah
Era un músico de Guadalajara que viajaba con su hermana. Que quería tocar en Costa Rica. Venía en tierra desde tierras tapatías. De la nada sacó un disco y me lo regaló. El grupo lo pueden encontrar aquí: http://www.pneumus.com/. Lo oigo ahorita de soundtrack mientras escribo. Agradecí y le dije que qué lástima que no tenía un discman. Nunca pensé decir tales palabras. Le dije que me iría a sentar.
Ahí, sentada en la estación, me encontré a Cindy. Una guatemalteca que regresaba a su casa después de tres años de trabajar en diferentes hoteles. Venía desde Michoacán. Que estaba emocionada. Que trabajar en turismo es cansado y que la discriminaban por ser guatemalteca, aunque era bien chelita.
-¿Cuál es tu asiento?
-23, le dije.
-¡No es cierto!
El suyo era el 24.
Y llamaban : "Los de El Salvador".
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